El debate sobre Cusco como subsede de APEC es irrelevante a estas alturas. Lo fundamental es parar la violencia extremista de inmediato
Por Hugo Guerra
Tomar el rábano por las hojas es, como usted sabe, criollo lector, no ver lo sustantivo de un tema. Y eso está ocurriendo con el debate en torno a si Cusco debe seguir excluido como subsede de la cumbre del APEC debido a su violencia levantisca.
Históricamente gran parte de la polémica nacional se ha estancado en hacer los diagnósticos de fondo, lo cual es importante académica e ideológicamente; pero las explicaciones estructurales no pueden ser paralizantes cuando los retos presentes exigen avanzar en el desarrollo económico, social y de pacificación dentro del orden de un Estado de derecho que, aun cuando imperfecto, es viable.
El ejemplo más sencillo es el del esquizofrénico en crisis, a quien no se le medica hasta conocer todo el pasado genético de su familia...
Políticamente pasa lo mismo: solo los interesados no reconocen el plan sedicioso de la extrema izquierda, a la cual cómplicemente se suman los seudonacionalistas y el financiamiento chavista. ¿Pruebas? Si tuviéramos un buen servicio de inteligencia, estas podrían exhibirse; pero ante tal carencia aplica la lógica de "por sus obras los conoceréis". La agitación viene desde al año pasado, por lo menos. En enero último afinaron sus planes desestabilizadores y producto de ello se infiltraron en el paro agrario y la violencia tanto en Ayacucho como en el Cusco.
Estos días se vienen los paros en la macrorregión sur y en Loreto; luego la ofensiva desde Junín, una reedición de la marcha de los wari y eventualmente los cuatro suyos - II. Objetivo: romper la república unitaria vía autonomías regionales y eventual escisión territorial azuzada desde fuera.
La sedición cuenta con la complicidad (activa o complaciente) de ciertos gobiernos regionales como el cusqueño. ¿Con qué autoridad moral, por ejemplo, viene su presidente a Lima a 'exigir' que el Gobierno Central pida disculpas cuando él fue incapaz de poner orden en su ámbito?
A estas alturas da lo mismo si se negocia una reconsideración de la subsede del APEC. Lo sustantivo es frenar el extremismo, no por las cumbres internacionales, sino porque la gobernabilidad y la viabilidad del Perú están arriesgándose frente a una estrategia sediciosa que no es como la senderista, pero busca igualmente destruir a la nación. Conste, además, que dicha estrategia pasa por seguir socavando la autoridad de la policía y de los militares vía sus esbirros parlamentarios; y someter al país a un conflicto jurídico que nadie está contestando en la CIDH, donde está en curso una demanda contra la supuesta 'criminalización' del movimiento social.
El Gobierno está obligado, entonces, a revisar desde sus modales (que crean fricciones innecesarias), hasta su política de comunicación, pasando por el reforzamiento de los programas sociales. Pero tiene también que frenar el desvarío de que siga acumulándose dinero que la incompetencia de las regiones no utiliza (más de 5.000 millones de soles depositados bancariamente) para aplicarlos en las urgencias de seguridad nacional tanto interna como externa.