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INFORME CONSECUENCIAS DE LA NIÑA

Escasez de energía y agua en Chile

El gobierno de Michelle Bachelet inició una campaña nacional para ahorrar luz y gas. El país atraviesa por la mayor sequía de los últimos 50 años y los recursos se agotan

Por Moisés Ávila. Corresponsal

SANTIAGO DE CHILE. O agua tibia para bañarse en invierno o luz que alumbre las calles por la noche, pero no las dos cosas. Esa es una de las bromas que algunos chilenos se hacen a raíz de los problemas de escasez de energía que se han agudizado. Más allá de las risas, hay otro fenómeno que no es para nada un chiste, y que amenaza con acabar con la producción de este país agroexportador: la peor sequía de los últimos 50 años.

El gobierno de Michelle Bachelet anunció hace unos días el inicio de una campaña de racionamiento de energía, con el fin de evitar, a partir de abril, otro racionamiento de ella, tan necesaria para los servicios de alumbrado y de calefacción de las casas. Este último aspecto es muy necesario debido a las bajísimas temperaturas de invierno. No obstante, no se ha garantizado el servicio permanente de luz y gas durante los próximos meses.

Según explicaron los ministros del Interior (que en Chile cumple las funciones de primer ministro y vicepresidente), Edmundo Pérez Yoma, y de Energía, Marcelo Tokman, con esta campaña se reducirá en un 10% el voltaje, se mantendrá el adelanto de una hora hasta fines de marzo para aprovechar la luz solar y se flexibilizará el uso del agua que hacen las centrales hidroeléctricas.

Por lo pronto, el Gobierno inició el reparto de focos ahorradores y se comprometió a que las dependencias públicas, incluyendo el Palacio de La Moneda, reduzcan en al menos un 5% el consumo de energía, apagando las luces que no sean de utilidad.

Del mismo modo, las centrales hidroeléctricas podrán usar los embalses de Laja y Maule, en el sur del país, para producir luz. La falta de lluvias ha ocasionado que estos reservorios vean disminuida su capacidad en un 40% con respecto del año pasado.

LOS MOTIVOS
La falta de energía en Chile es una constante de los últimos años. Su único proveedor de gas natural, Argentina, ha reducido significativamente los envíos de este recurso, de 16 millones de metros cúbicos diarios de hace un año a 1,2 millones, con lo que se complicó el funcionamiento de las generadoras de energía chilenas, que se alimentan de este producto.

Esto las ha obligado a reemplazar el gas por diésel, encareciendo sus costos (alto precio del petróleo), o carbón, y obligando a sus máquinas a trabajar a su máxima capacidad, lo que ha impedido darles el mantenimiento que se requiere cuando se cambia de combustible. Casi todos los recursos generadores de energía que Chile consume son importados. Esto resulta irónico, teniendo en cuenta la abundante cantidad de agua que existe en el extremo sur del país, y la imposibilidad de construir más centrales hidroeléctricas debido a reclamos ambientales o a reivindicaciones territoriales indígenas.

Algunos especialistas prevén que la producción del cobre, principal actividad minera y motor de la economía del país, será una de las más afectadas con un eventual racionamiento. Teniendo en cuenta que Chile es el primer productor de cobre del globo (5,5 millones de toneladas al año, más de un tercio de la demanda mundial), cualquier variación en la producción de este metal podría afectar las cifras internacionales desfavorablemente.

Como medidas a mediano plazo, de aquí al 2011, las generadoras de energía invertirán aproximadamente 17 millones de dólares en plantas de regasificación de GNL, que vendrá congelado --vía marítima-- desde Asia y África, las que les permitirán ya no depender de Argentina. También se está abriendo paso a las energías renovables no convencionales, como la eólica (aire). Bachelet además ha iniciado coordinaciones con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner para conversar respecto de los envíos de gas desde Argentina.

LA SEQUÍA
El fenómeno de La Niña es uno de los causantes de la peor sequía de los últimos 50 años en Chile, que no solo repercute en la energía sino que amenaza con dañar la industria agrícola y ganadera en las distintas regiones del país.

Con La Niña, la superficie del Océano Pacífico permanece fría; por lo tanto, no hay evaporación ni condensación, tampoco nubes cargadas y menos lluvia. Esta es contraria al fenómeno de El Niño, que, más bien, origina las precipitaciones.

Unas 134 localidades chilenas se han declarado en emergencia. Estas recibirán la ayuda de los ministerios de Agricultura y de Desarrollo y Planificación mediante bonos de subvención.

El problema más serio se presenta en la parte central y sur del país, donde el principal sustento para los campos es, precisamente, la lluvia que no cae. De no variar la situación, no solo se perjudicarán las actividades productivas, sino también el consumo humano. Para los campesinos de pocos recursos ha sido imposible incluso el hallazgo de aguas subterráneas a través de sus pozos o norias.

El Gobierno ha llevado camiones-cisterna hacia algunas localidades para suplir la carencia. También se ha distribuido alimento para el ganado. "El fenómeno es extraordinariamente crudo. Claramente esta es una de las peores sequías de los últimos años", confesó el director general de Aguas, Rodrigo Weisner.

De no solucionarse el problema, se prevé un incremento en el precio de las frutas y verduras debido a la escasez y a lo difícil que será producirlas.

"Es la suma de todas las crisis. Porque no solo es la sequía o la baja del dólar, también está la energía y una serie de problemas que le hemos planteado al Gobierno, con el objeto de solicitarles la mayor preocupación posible y la pronta solución a estos inconvenientes", dijo el presidente de la Asociación de Exportadores, Ronald Bown.

Aunque el ministro de Energía aseguró que su país está preparado para afrontar el problema, reconoció que, de no incrementarse las lluvias en los próximos meses, Chile entraría a un año complejo.

Complejo para un país con grandes ciudades, economía estable, que se perfila como uno de los más próximos a ingresar al grupo de países desarrollados pero que, por lo pronto, deberá tener a la mano sus velitas y sus bidones.

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