En destaque TUMÁN. LA HISTORIA DE LOS CAÑICULTORES DE TUMÁN Y SU PRIMERA VEZ FRENTE A UN CAJERO AUTOMÁTICO
La modernidad llega sin avisar. Hasta hace poco, el pago de la mensualidad para los cañicultores de la Empresa Agroindustrial Tumán era todo un ritual. El dinero --contante y sonante-- era recogido en agencias bancarias de la ciudad de Chiclayo y luego trasladado en vehículos rodeados de policías para evitar asaltos en la carretera. Después había que hacer largas colas para recibir un sobre con el dinero dentro, contarlo, guardarlo y llevarlo a la casa para meterlo debajo del colchón o en algún escondite alternativo.
Había que depender del tráfico, del clima, de la cantidad de ladrones al acecho y de la buena suerte. Todo un trámite.
Eso explica por qué este último fin de mes los cañicultores vivieron una mezcla de emociones cuando recibieron su sueldo, por primera vez, a través de un cajero automático ubicado en un supermercado del distrito de Tumán. Muchos se sintieron como el coronel Aureliano Buendía la tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo en la famosa novela "Cien años de soledad".
Algunos lo tomaron con alegría: ya no tendrán que llevar el dinero escondido en las medias hasta llegar a casa y guardarlo en algún rincón. A partir de ahora todo estará a salvo en un banco y, aunque ellos no podrán ver su dinero, sabrán que está depositado en alguna parte. Por lo pronto, eso los ayudará a cultivar la cultura del ahorro.
Otros lo tomaron con cierto nerviosismo, incluso con cierto temor: introducir una tarjeta de plástico por una ranura con luces, leer las indicaciones de una caja de metal llena de botones y luego oprimirlos y ver cómo salen los billetes bien planchados por otra ranura con luces puede sonar para algunos a ciencia ficción.
Es el caso de trabajadores como Octavio Cruz Campos, quien entró a la empresa cuando era un adolescente, hace más de 50 años. Él trabajó durante décadas en el campo, hasta que fue asignado como administrador de la casa de huéspedes de la antigua cooperativa.
Don Octavio fue uno de los primeros en retirar su sueldo desde un cajero automático aquel día histórico, solo comparable con la llegada del primer teléfono al pueblo.
Más allá de la novedad, este sistema permitirá a los agricultores insertarse en el mundo bancario, solicitar créditos y pagar diversos servicios. Además, cañicultores de otras zonas rurales cercanas podrán utilizar este mismo cajero para realizar las transacciones que requieran. Este sistema no se lo esperaban, pero la modernidad es así: a veces llega sin avisar.