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CONTRACORRIENTE

El grupo Candeias mostró a sus mejores alumnos de la capoeira

El mestre Xoroquinho bautizó a los aspirantes

Por Miguel Ángel Cárdenas

Los más cultivados --y contoneados-- en capoeira la definen como "el arte de luchar mostrando los dientes". Por momentos, cuando el mestre Xoroquinho y el profesor Javali entrecruzaban patadas en aspas de molino y tijeras mortales parecía que se mostraban la mente.

Llegar al VII Ginga Show en el teatro Montecarlo, de Miraflores, fue entrar en un tiempo donde el ritmo era un salvavidas calculador: con movimientos rasantes a centímetros permitidos de lo letal y cabriolas fríamente concatenadas: cuando Xoroquinho atacaba cóncavo, Javali esquivaba convexo; cuando Javali contraatacaba elíptico, Xoroquinho evadía zigzagueante. Sin tocarse. Musical... mente.

Un mestre es el máximo nivel en este arte marcial afrobrasileño creado en el siglo XVI por los esclavos negros, quienes fueron modelando un sistema de lucha contra sus opresores; pero encubriéndolo con formas de danza celebratoria para burlar la represión. A Brasil llegó el 42% de los esclavos que cruzaron brutalmente el Atlántico desde Guinea, Angola y Mozambique.

Cuando la esclavitud se abolió en 1888, los libertos siguieron practicándola, pero terminó estigmatizándose como el estilo de lucha de bandas criminales. Por eso, fue prohibida en 1890 con crudeza (si a alguien se le encontraba in fraganti le cortaban los tendones). Aun así la práctica continuó clandestina...

LA LUCHA ALEGRE
Javali parecía morderlo sin comerlo con barridas acompasadas; Xoroquinho, al contrario, lo comía sin morderlo columpiándose en un volantín frontal. Ambos fueron los más altos representantes del prestigioso grupo Candeias, que tiene más de 500 alumnos en el Perú.

El estilo que representan es el de la capoeira contemporánea, que integra el estilo modernizante llamado "regional" con el tradicional negro denominado "angola".

Mientras los dos se batían con el característico balanceo de las 'gingas' (ese mecerse intercalando una pierna adelante y la otra bamboleando), podía notarse el dominio de Javali de los 'aú' (volteretas laterales), el 'rolé' (la defensa clásica con un quiebre giratorio que evade con gracia), el 'meia lua' y la 'armada' (patadas hiladas vibrando). Es decir, del estilo regional surgido en la cuna danzante de la capoeira: Salvador de Bahia.

El mestre Bimba fue quien primero abrió una academia para sistematizarla y luchó por su legalización. En 1937 se presentó ante el presidente Getulio Vargas y este quedó tan fascinado con la novedad estética y la entrega absoluta de sus alumnos que la declaró deporte nacional de Brasil. Para que no siguiera asociada al estereotipo criminal, mestre Bimba le eliminó ciertos rituales y buscó la aceptación de los sectores medios y altos de la sociedad; pese a las críticas de los puristas.

Las veces que se encontraban en las 'rodas' (luchas festivas sin contacto), el mestre Xoroquinho ralentizaba sus golpes, observaba, se anticipaba, se pegaba, apoyaba y derribaba a Javali, con raptos del estilo angola. En 1942, el otro gran referente de la capoeira actual, el mestre Pastinha, quiso rescatar lo más tradicional, criticando el excesivo exhibicionismo acrobático y al estilo lento ancestral lo denominó "angola". Aquí se reivindica la "malicia": los usos de los meneos engañosos y mañas intuitivas.

El espíritu alegre brasileño se siente tan a voz en piel que a las luchas las llaman 'jogos' (juegos). Luchar en capoeira es ir a jugar.

HISTORIAS RÍTMICAS
Los niños y jóvenes sienten como un feliz honor recibir sus 'cordas' (en lugar de cinturones aquí usan cuerdas de colores para marcar los ascensos de categoría) del mestre Xoroquinho.

Este mestre es un hombre de pocas palabras y demasiadas sonrisas. Nació en Minas Gerais, tiene 52 años y 43 de capoeirista. Desde 1985 ostenta la 'corda' roja, símbolo de gran maestro (para ser un equivalente a senséi solo le falta la 'corda' blanca): "El rojo simboliza la sangre derramada, de los sufrimientos de los esclavos y del pueblo... Muchos mestres enseñan también cosas espirituales, a veces del Candomblé, pero en el grupo Candeias no. Puedes ser católico, protestante o espírita como yo".

Él llegó a este deporte, "porque era malo en el fútbol... Me gustaba la música porque soy percusionista. La música viene de cantares de los negros que trabajaban, tratan de la felicidad, la historia, la cultura de Brasil, son muy emotivos".

La música es un capoeirista más: el emblemático berimbau marca el ritmo y demarca los golpes. En una 'roda' solo están autorizados a tocarlo los alumnos que tienen más de cinco años practicando y lo dominan bien. Es un instrumento de cuerda con un arco de madera flexible, de tres clases: gunga (grave), meio (medio) o viola (agudo). Se acompaña con un caxixi (una pequeña cesta cerrada con semillas secas dentro), pandeiro (pandereta grande) y atabaque (un tambor brasileño de mano).

Sincronizado con el berimbau, Antonio de Andrade, Javali, dice que el estilo mixto del Candeias se lo deben al mestre Suino, el fundador. El profesor Javali nació en la provincia de Marañón, practica capoeira hace 23 años y vino al Perú hace cinco como representante del grupo aquí, en Ecuador y Bolivia. A sus 37 años, dice que nunca ha tenido que usar sus conocimientos en calle: "Nos concientizamos en que la violencia no trae beneficios... Es la gran diferencia con las demás disciplinas: tenemos música, canto, alegría, una adrenalina distinta".

Pero igual tienen técnicas de cabezazos y rodillazos, disfrazados por los esclavos como baile. "Mestre Bimba practicaba boxeo y lucha e investigando esas otras disciplinas él fue sacando de cada uno algo que le parecía interesante y creó su propio método de entrenamiento. Y también se dio el fenómeno de que los capoeiristas tradicionales, para conseguir trabajo, utilizaron técnicas de plasticidad y acrobacia para hacer exhibiciones y espectáculos ante los turistas".

Javali también canta en las 'rodas', sus canciones suelen improvisar sobre sus amores: "Mi bella morena, mi bella morena llévame a tu casa...". Y para que él los felicite, los niños y adolescentes saltan, se paran de cabeza y hacen tacles de fantasía frenéticamente al estilo regional. Pero al recibir sus 'cordas', Xoroquinho les pone cabe, empuja y tumba alegremente, al modo angola. Estos son sus bautizos anhelados.

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