Llegó Montaño y por fin ganó Alianza. No es casualidad. Tampoco lo es que todo su equipo haya jugado mejor. Son grandes noticias para el fanático grone, que vuelve a soñar con un equipo competitivo. Los buenos jugadores, como Montaño, tienen ese efecto contagioso sobre hinchas y compañeros. Los buenos jugadores hablan en la cancha aunque sean torpes fuera de ella al extremo de meterse en intrincados vericuetos legales y federativos. Ayer Montaño habló fuerte con sus chimpunes, en una cancha caliente en todos los sentidos posibles. Corrió todo el tiempo, demostró que su físico de ex jugador es mentiroso y que es valiente al soportar sin reacción las patadas (algunas de ellas, descaradas) de sus rivales. Johnnier soportó el castigo como hacen los profesionales: jugando mejor, frustrando a sus agresores y ganando el partido. Al final, no pudo declarar por el dolor que sentía en el brazo derecho. Los micros que se le acercaban apenas recogieron quejidos. Mejor así: quedó como un héroe.
Lo mejor del colombiano llegó en el segundo tiempo, cuando ya tenía el brazo vendado y cada choque o caída lo hacía saltar de dolor (también a nosotros). Tuvo varias chances de gol, mereció anotar y aunque no lo hizo, fue factor fundamental del dominio que demostró su equipo. Lo que ha hecho Johnnier en solo un partido es enorme, un golpe de timón fundamental. Es de esperarse un ambiente mucho mejor para Alianza cuando vuelva a ser local en Matute. Miren todo lo que es capaz de hacer un solo hombre, con la única condición de ser el diferente.
ENFOQUE
Dele la pelota, désela*
Todo lo que ha sucedido con Montaño (peleas, verdades y mentiras) debería quedar apenas como una anécdota. Para un periodista deja de ser agradable tener que vigilar los líos dirigenciales que produjo, antes que distraer la vista con sus buenas jugadas.
Y pensar que Johnnier estuvo a casi nada de tomarse un vuelo a Cali y no volver jamás. Será discutible su proceder para negociar sus contratos, pero habría que ser muy mezquino para no reconocer que se trata de uno de los mejores extranjeros que han pasado por el fútbol peruano en mucho tiempo.
La realidad es que Alianza lo tiene hoy y que Miguel Ángel Arrué debe estar dando gracias al cielo. Es posible que con él un delantero como Renzo Benavides pueda ser goleador de tantas ocasiones que tendrá. También es probable que Reimond Manco empiece a pasar desapercibido para los rivales y pueda ser más peligroso sin tanta marca. Por los cuatro costados, Alianza va a mejorar.
Lo visible en Montaño es que quiere jugar y atreverse. Siente que está con la camiseta apropiada y que tiene justo lo que la hinchada aliancista quiere. Pasar del Sport Boys a Alianza no requiere demasiada catarsis en el aspecto afectivo por el parecido clima de ambos clubes. Normalmente lo que cae bien en el Callao, cae mejor en La Victoria y al colombiano le agrada mucho cómo lo arropa el chileno Arrué, ducho en ganarse el corazón de los jugadores antes que la cabeza, incluso la misma directiva blanquiazul de Carlos Franco tiene ese perfil de no perturbar a sus futbolistas a pesar de algunas ligerezas que cometan. Se supone que esto les tiene que dar resultados.
* Elkin Sotelo