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COMPLICIDAD OFICIAL CON LA NARCOGUERRILLA

Los muertos venezolanos

El presidente de la República está indignado porque soldados del Ejército, de la Aviación y de la Policía colombiana mataron al capo de la narcoguerrilla, 'Raúl Reyes'. El presidente, con el corazón partío, ordenó de inmediato el cierre de la embajada en Bogotá, envió 10 batallones a la frontera y casi declara duelo nacional porque la Fuerza Armada Colombiana hizo eficazmente su trabajo (que le señala y ordena la Constitución) en la lucha contra la guerrilla de las FARC.

Los venezolanos estamos asombrados ante esta nueva situación de complicidad oficial con la narcoguerrilla colombiana, pues es nuestra tradición ser respetuosos de las situaciones internas de los países vecinos. Vemos a Colombia como una nación que ha sufrido lo indecible con la violencia y la subversión, pero igualmente hemos sido solidarios con los ciudadanos afectados por ese enfrentamiento interno.

Aquí residen y son bienvenidos muchos refugiados que se trasladaron a Venezuela en busca de un futuro mejor. Ahora se encuentran con que el Gobierno se volvió aliado de sus verdugos y que, para colmo, el presidente Chávez los mira con desconfianza porque pueden ser paramilitares. Esto es un insulto y una falta de respeto.

La comunidad colombiana debe estar desconcertada por estas posiciones políticas de Chávez, pero no se atreve a hablar porque puede ser reprimida duramente. En cambio, los venezolanos no chavistas sí entendemos su drama porque sabemos lo que es la ira y la represión presidencial. Basta ver lo que ha pasado con Lina y Tascón, incondicionales una semana atrás y hoy acusados de infiltrados.

Pero lo inconcebible es que desde Miraflores se les quiera obligar a los colombianos a apoyar a las FARC. Venezuela nunca ha sido partidaria de terroristas, secuestradores o narcotraficantes, y nadie nos puede obligar a comulgar con proyectos mafiosos. Ese mundo no nos gusta porque pervierte a la juventud venezolana, la lleva por la calle de la violencia y la motiva para matarse todos los fines de semana. La cocaína no llega aquí por obra y gracia del imperialismo, sino por la complicidad de las FARC, le guste o no al presidente Chávez, y a sus lagunas de memoria.

Entre esas lagunas de memoria habría que recordarle al presidente Chávez (hoy lloroso y de luto por la muerte del capo 'Raúl Reyes'), que una joven ingeniera de Pdvsa, María Carrasco, de tan solo 23 años de edad, así como un guardia nacional y cinco miembros de la FAN, fueron asesinados en un ataque de las FARC en las afueras de la población fronteriza de La Victoria, en Apure. Allí también murió el subteniente Carlos Pérez Fernández, perteneciente al Batallón de Cazadores Manuel Cedeño.

El ataque fue a poca distancia de la frontera con Colombia y los asesinos se refugiaron, celebraron con ron y durmieron tranquilos al otro lado del río Arauca. Pero Chávez no rompió relaciones ni retiró al embajador. Claro, como eran simples venezolanos y no eran jefes de las FARC, pues no valía la pena enemistarse con Uribe.

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