Por Fernando Vivas
No creo en la credulidad de Jaime Bayly cuando se confiesa el "único tarado que creía que los casos de Laura eran verdaderos". Creo que es su culposo autoescarnio por haber dado tanta tribuna a la fulana sin replicarle teniendo en la mano las pruebas documentadas de su calaña delictiva.
Creo que Jaime, como yo, lo que en realidad creía es que la proporción verdad/mentira en el 'talk-show' no estaba tan echada a la segunda. Pero tras oír a Cecilia Zorrilla, Melina Ormeño y 'Pajarito' González, hay que corregir esta percepción naif.
Desde las primeras denuncias de casos bamba hechas por Elsa Úrsula y Carlos Paredes en 1999 supimos, sin lugar a dudas, que en medio de testimonios probablemente verdaderos había otros definitivamente falsos. Laura, como Mónica Zevallos y la 'China' Chang, alimentaban con módicos pagos una cultura del histrionismo C-D que lavaba los trapos sucios --e inventaba otros-- en los sets recalentados de sus 'talk-shows'.
Pero Laura era distinta y mucho peor. Empezó a pagar según la intensidad de la farsa y la convicción puesta en la patada y la jalada de mechas. Si había contrasuelazo, mejor todavía. Y al chongo de sus invitados sumó chongo y medio: montó una ONG bamba que fingía resolver los dramas que en su mayor parte no existían, trajo policías, enmarrocó a invitados, repartió injurias y vendió la sintonía de toda esta infamia a Montesinos para apoyar la re-reelección de Fujimori. Delinquió en el intento y fue, con absoluta justicia, arrestada y condenada.
Terca y en libertad condicional, Laura vuelve a transmitir su infamia, con un agravante que hará más precaria, si cabe, su supervivencia: está lanzando una temporada concebida para el extranjero, pero con peruanos que no sabían que sus farsas se verían expuestas en casa. De ahí que salte Cecilia y trine 'Pajarito'. De ahí que veamos en el panel invitados con dentadura completa y mestizaje tirando para blanco: hay un cásting racista que en las viejas temporadas, en vivo y en directo, era un lujo impensable. Por supuesto, la discriminación es una falta en la que la delincuente Laura --hay sentencia que me autoriza el calificativo-- ni siquiera pensará.