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Análisis

El caso 'Reyes': ¿principios o metida de pata?

Por Luis Jaime Cisneros Hamann. Periodista

En febrero del 2000 el escritor e historiador inglés Timothy Garton Ash, escribió en el diario español "El País" un artículo titulado "La metedura de pata del siglo". En dicho texto, lanzó el desafío de reflexionar, en una suerte de ejercicio intelectual, sobre lo que habría sido "el más grave y absurdo error humano con consecuencias graves y de gran alcance" a nivel global en el campo político y socioeconómico del siglo XX.

Garton calificó como su principal candidata a este antinobel, la decisión del gobierno imperial alemán de otorgar a (Vladimir) Lenin un salvoconducto para poder viajar por tren a través de Europa Central, ocupada por Alemania, de Zúrich a Finlandia, y desde allí a San Petersburgo. Era el año 1917. Ese viaje derivaría en la toma del poder por Lenin y en el punto de inicio de la expansión del comunismo y del imperio totalitario soviético por Europa Central y del Este durante casi todo el siglo XX, hasta 1991. Fue "el billete de tren más caro de la historia".

Alemania esperaba que Lenin sembrara mayor caos en Rusia y contribuyera a sacarla de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El ideólogo ruso lo logró, pero Alemania igual fue derrotada. Y, lo que es peor --resalta Garton--, le pasó la factura de su audacia al mundo occidental que se pasó un siglo luchando contra las consecuencias de aquel viaje de Lenin.

Otras dos "meteduras de pata" que figuran en el podio de Garton son el involucramiento de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, en 1963, y la decisión del Reino Unido y de Francia de no responder con firmeza, en 1936, a los planes de remilitarización de la cuenca del Rin --contrariando los acuerdos de la Primera Guerra Mundial--, lanzados por un dictador en ascenso: Adolfo Hitler, a quien Europa vio en ese momento como un pararrayos al comunismo estalinista.

Esta reflexión me viene a la mente ahora que corre como reguero de pólvora un intenso debate en las Américas sobre la defensa de principios, luego del ataque lanzado por el Ejército colombiano en suelo ecuatoriano a un campamento de las guerrillas marxistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el que murieron 23 de sus integrantes, entre ellos el número dos de la organización, 'Raúl Reyes'.

En los tres casos mencionados por Garton, Alemania, Estados Unidos, Francia e Inglaterra actuaron motivados más por la defensa de sus intereses comunes que impulsados por la defensa de principios a los que la comunidad internacional del siglo XXI se aferra con tanta energía.

La inviolabilidad de un territorio soberano es un derecho que nadie discute, así como el principio de no intervención en asuntos internos de otros países, pero cuando está en juego la seguridad de un país no se puede seguir mirando el árbol sin dejar de ver todo el bosque. Y tampoco se puede pestañear.

Ejemplos abundan en el mundo para demostrar que la vara con la que se miden los casos varía en función del grado de inestabilidad política de la región, o de la cercanía del protagonista de la con crisis las potencias dominantes en la zona. O del grado de peligro que significa para la seguridad regional la presencia de una fuerza irregular.

En la franja de Gaza, el grupo palestino islamista Hamas responde con una escalada de terror, desde hace casi una década, a la presencia de Israel. En represalia por sus ataques contra población civil indefensa, las autoridades israelíes, que representan al único gobierno democrático entre el mundo árabe, recurren al mismo lenguaje lanzando ataques selectivos desde su territorio hacia suelo controlado por Hamas, que controla parte del poder en Palestina. ¿Alguien que habló de violación de soberanía en estos casos fue tomado en serio? Y por lo mismo, la inclusión de Hamas en futuras tratativas de paz parece impostergable, como ocurrió con Yasser Arafat en el pasado.

Estados Unidos ha hecho leña los principios del derecho internacional en lo que va del siglo XXI para todas las operaciones bélicas que ha emprendido en Afganistán e Iraq como parte de la guerra contra el terrorismo internacional. Para Washington son los intereses los que mandan. Ecuador no es el Afganistán talibán, pero Venezuela podría parecerlo para Washington. Ya en el 2005 Colombia capturó en ese país a Rodrigo Granda, de la plana mayor de las FARC, sin permiso de Caracas.

El conflicto interno colombiano ya tiene un matiz internacional desde que Estados Unidos se puso al frente --como el principal financista-- del Plan Colombia, que el conservador Álvaro Uribe lleva a cabo con la solapada indiferencia de sus vecinos. Y América Latina ha cerrado filas detrás de Ecuador en defensa de principios, temerosa de que sus fronteras se vean perturbadas.

La polémica decisión de Uribe ha acarreado consecuencias serias al desatar una crisis regional y crear un cerco de países en su contra (Nicaragua, Venezuela y Ecuador), que han roto o suspendido relaciones con Bogotá. Pero el ataque podría tener graves consecuencias y de largo alcance si países como el Perú, Argentina y Brasil siguen aferrados a mirar de espaldas el conflicto y no ven que los intereses en juego afectan la seguridad regional. Y aún es prematuro poder saber si Uribe formará parte del club de las meteduras de pata.

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