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EL LADO OCULTO ALBERTO MUÑOZ,SOCIO DE OFISIS

El mejor momento es hoy

COMENZÓ A FORJAR SU EMPRESA CUANDO GONZALO TENÍA SOLO DOS MESES. VIVIÓ SUMERGIDO EN ELLA UNA DÉCADA. HA SALIDO A FLOTE PARA BRACEAR JUNTO A SUS AHORA DOS CACHORROS

Por Antonio Orjeda

Tania le dijo: "Estás loco". Acababan de estrenarse como padres y Alberto le estaba anunciando que había renunciado al trabajo, que iniciaría un negocio propio. Ella lo apoyó. "Ella me conoce de toda la vida".

Es cierto, Tania lo conoce desde que vestían de blanco y plomo, desde que él era el gordito del salón. "Pero a los 12 pegué mi estirón, me puse como un cisne (ríe) y enamoré a la chica más linda del colegio; que ahora es mi esposa".

Este año Alberto espera que Ofisis supere los dos palos verdes de facturación. Le tomó una década cimentar las bases de esta empresa que tiene la misma edad que Gonzalo, su hijo mayor. Un lustro atrás, se dijo: es hora de volver la mirada a casa. En la piscina del Champagnat descubrió que su hijo superaba con facilidad al resto. Lo metió a un club para que lo puliesen. A los 10 años, su Gonzalo fue campeón nacional en su categoría, estilo pecho. Papá perdió la razón.

"Yo aprendí a nadar a los 8 y desde entonces jamás volví a hacerlo". Alberto, por su hijo, comenzó a estudiar esta disciplina: campeones mundiales, los mejores tiempos, todas las técnicas de entrenamiento... Se volvió un experto. "Llegaba a la chamba y lo primero que hacía era entrar a una página web de natación".

Reeducó los hábitos de su campeón, le puso nutricionista, le puso todo. Obvio, papá quería darle lo mejor. "Cuando competía internacionalmente, me averiguaba los tiempos de sus rivales... Todo eso, sin embargo, llegó a ser un error", reconoce. "Había comenzado a vivir la vida de él". Claro, y no le había preguntado a Gonzalo si él quería que así fuera...

El año pasado, su hijo le dijo que no, que se bajaba de la combi, que la natación --a nivel competitivo-- no era más para él. Alberto lo entendió. Acusó el golpe, pero lo dejó decidir. Era consciente de su error.

Hoy, Gonzalo es suplente de la selección de básquet del Champagnat y está feliz. Juntos ven los partidos de la NBA. Eso sí, papá no se mete más. "Tenía que hacer mi vida". Así es; y tres años atrás, dejó de ser un teórico de la natación. Se zambulló. Al principio fueron solo 25 metros al día. Hoy puede nadar 3.000. El menor, el de 8 años, ha comenzado a emularlo.

Papá recuerda que de noche entraba al cuarto de Sebastián. "Tú eres mi oportunidad", le decía.

Un par de años antes, en paralelo, comenzó a invitar al mayor, a Gonzalo, a las reuniones de planeamiento de Ofisis. A diferencia de lo que pasó con la natación, lo comenzó a incorporar al que sí era su mundo. "Viene, conoce nuestros objetivos, escucha nuestras estrategias, lo he llevado a nuestra oficina en Colombia para que vea cuánto cuesta crecer".

Ahora agradece al deporte, pues le ha permitido retornar a la escena familiar, fortificar el vínculo con sus dos hijos. Al principio, Tania nadó con él, pero ella es alérgica al cloro. Alberto ha descubierto un placer adicional: nadar le permite pensar, tomar decisiones y resolver problemas mientras bracea. Por eso, a la hora del almuerzo, no lo busquen en la cafetería: el jefe se va a nadar.

Ahora sí, ahora está viviendo su vida; y cuando la invaden sus cachorros, esta se pone mejor.

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