En principio, la evaluación de maestros que realizó el Ministerio de Educación el último domingo ha tenido un doble beneficio: garantizar que solo los más capacitados accedan progresiva y selectivamente a la tarea docente, y convocar a un considerable conglomerado de profesores que de manera mayoritaria cumplió con someterse al examen para concursar a una de las 60 mil plazas disponibles.
No se puede desconocer que hasta hace un año este resultado era impensable y no estaba en el escenario educativo peruano. Por ello, en aras de la transparencia, corresponde evaluar a los que no pudieron rendir la prueba, e investigar las denuncias que se han hecho sobre irregularidades en su aplicación.
Después de esto, la meritocracia puede abrirse paso y cambiar el panorama de la calidad de la educación.
Para ello se requiere que los maestros no vuelvan a resistirse a la evaluación y, peor, si lo hacen bajo la presión del Sutep. El Estado, por su parte, debe seguir adelante con el proceso iniciado. La evaluación periódica y transparente no puede detenerse, tampoco la capacitación continua al amparo del Plan Educativo Nacional.