Por Mario Castro Ganoza. Corresponsal
TOKIO. En la tercera sesión del juicio de apelación que se le sigue en la Corte Superior de Hiroshima por haber violado y asesinado a una niña de 7 años, el peruano José Manuel Torres Yagi (35) volvió a insistir en que fue poseído por el demonio a la hora de cometer el delito.
Aunque esta vez agregó un nuevo detalle a su argumento: el demonio logró controlarlo porque desde que ingresó a Japón en el 2004, "abandoné mi religión".
Al peruano le tocó rendir sus declaraciones en la sesión que se llevó a cabo ayer ante una sala totalmente abarrotada, cuyos cupos debieron ser sorteados entre los interesados.
A lo largo de sus respuestas, Torres Yagi pidió perdón en dos oportunidades por el delito cometido, y aseguró que su intención nunca fue violar ni asesinar a la pequeña Airi Kinoshita, por lo cual no merecía la pena de prisión indefinida que le fue impuesta en el primer proceso.
Por su parte, Kenishi Kinoshita (41) padre de la víctima y miembro activo de las Fuerzas de Autodefensa de Japón, manifestó a la salida de la corte que sus sentimientos hacia el victimario de Airi no han cambiado en nada, y que no cree en sus excusas por lo que debe ser castigado con la pena de muerte. Kinoshita también aseguró que el asesino desperdició una oportunidad más de asumir sus culpas: "Se escuda en la religión para no asumir su culpa, y eso es algo que no se puede creer".
La próxima audiencia del juicio, que se espera sea la penúltima del proceso antes de que se dicte sentencia, se llevará acabo el próximo 20 de mayo.