PARÍS [El Comercio/Agencias]. Lazare Ponticelli, último sobreviviente de los 8,5 millones de franceses que combatieron en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), murió ayer a los 110 años.
Con Ponticelli, que había nacido en Italia el 7 de diciembre de 1897 pero se nacionalizó en 1939, desaparece el último testigo francés directo de la Gran Guerra, que causó 10 millones de muertos en Europa, aunque muchas de las víctimas eran soldados traídos desde Marruecos, Senegal, Estados Unidos, Canadá, Australia o Nueva Zelanda.
Ponticelli había participado en la tradicional ceremonia de tributo a los caídos en la guerra el pasado 11 de noviembre. "El año próximo espero estar en la ceremonia, si Dios lo permite, aunque cuando se llega a esta edad es difícil", había indicado entonces.
Aún quedan en el mundo ocho ex combatientes de ese conflicto: tres británicos, dos italianos, un estadounidense, un ex soldado del ejército austro-húngaro y un turco que en aquel momento combatió en las fuerzas del Imperio Otomano.
Los ocho sobrevivientes son los últimos testigos del infierno de las trincheras, símbolo de la Primera Guerra, difícilmente imaginable en la actualidad, con sus combates esporádicos, los ataques con gas, los bombardeos de artillería cada vez más violentos, los ataques con lanzallamas y, sobre todo, el terror presente y constante de la muerte en esta primera gran masacre de alcance industrial.
Con 1,4 millones de soldados muertos, Francia es uno de los países que pagó el mayor tributo de sangre en el conflicto, que tuvo un promedio de 900 víctimas por día.
Además de los fallecidos, hubo tres millones de heridos, un millón de los cuales quedaron inválidos, amputados, con el rostro desfigurado o con graves secuelas respiratorias por efectos de los gases de combate.