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LA SEMANA QUE PASÓ

El drama verdadero

Por Pedro Ortiz Bisso

La anulación del proceso para determinar qué empresas podrán operar por el corredor que se construye en la Vía Expresa ha sido, sobre todo, una decisión de supervivencia política. Con el escándalo de las revisiones técnicas aún calentito, la Municipalidad de Lima no podía darse el lujo de verse envuelta en un nuevo embrollo de alta exposición mediática y peligrosas consecuencias.

La reorganización del transporte público es uno de los caballitos de batalla de la gestión Castañeda, en particular este proyecto, cuya idea primigenia surgió en tiempos del alcalde Alberto Andrade, con un nombre --Lima Bus-- que fue rápidamente borrado de los archivos apenas el sillón de Nicolás de Ribera El Viejo cambió de dueño.

Ya el lunes la comuna se había desecho de otra papa caliente al anunciar que no volvería a organizar las revisiones técnicas y que le cedía el encarguito al Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Ahora, tras casi dos años de labor, le puso freno a un proceso repleto de irregularidades que ojalá sea investigado con rigor.

Como suele ocurrir, el alcalde, a quien hacía solo unos días se lo había visto sonriente inaugurando una piscina gigantesca en un parque zonal, mantuvo su invisibilidad y fueron dos funcionarios los encargados de dar las malas nuevas: en el primer caso, el teniente alcalde Marco Parra --su sufrido pararrayos-- y en el segundo, Ramón Arévalo, presidente de Pro Transporte.

Sería ocioso insistir en el derecho que le asiste a Lima de recibir explicaciones de la persona que eligió para gobernarla. En ello Castañeda y sus asesores son indoblegables. Lo verdaderamente dramático detrás de estas decisiones es la incapacidad de la municipalidad más importante del país para llevar a cabo una licitación que no ofrezca dudas. Si esto sucede en la capital, ¿qué puede ocurrir en ciudades más pequeñas, con menos recursos humanos, inundadas de soles por los ingresos del canon minero?

Los problemas de gestión del Estado Peruano no son nuevos, pero hay que ponerles freno de una vez. La Municipalidad de Lima debe tomar con mayor seriedad la reorganización del transporte y mejorar sus cuadros. Si mostrara el mismo entusiasmo del que hace gala cuando inaugura piscinas, le iría mucho mejor.

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