Por Ricardo González Vigil
Con la ayuda de sus amigos Hermione y Ron, Harry Potter cumple la misión que le encargó Dumbledore: destruir todos los horrocruxes para así impedir que el tenebroso lord Voldemort (al que Harry debe enfrentar y matar) pueda volver mágicamente a la vida. En su búsqueda, conoce la fábula de los tres hermanos beneficiados por la Muerte con tres reliquias (una de ellas la capa que torna invisible a Harry) que permitirían al que las reuniera erigirse en como Señor de la Muerte. Comprende que Voldemort anda en pos de una de las reliquias y a él mismo le atrae poseerlas, aunque Hermione le insta a cumplir primero la misión de destruir los horrocruxes. Ambas búsquedas se entrecruzan con extraordinarias revelaciones sobre Harry, Dumbledore y Snape hasta el apoteósico triunfo del amor sobre las tinieblas.
J.K. Rowling ha culminado con maestría soberana una de las obras maestras más admirables y profundas de la literatura infantil y juvenil. Los siete tomos de su saga dosifican con pericia formidable la intriga, hasta el nudo culminante y el desenlace espectacular en "Harry Potter y las reliquias de la muerte", mediante revelaciones no solo electrizantes, sino también plenas de hondura sobre la condición humana, pues hace suyo el legado de los hitos, las fábulas, los cuentos de hadas, las sagas caballerescas, etc.
Los siete tomos son de una calidad sobresaliente, aunque más deslumbrantes son el cuarto ("Harry Potter y el cáliz de fuego") y el séptimo. Este último vence en sutileza psicológica para retratar a los personajes con sus luces y sus sombras, sin fáciles maniqueísmos morales: descubrimos lo complejos que son Dumbledore y Snape, a la vez que ahondamos en Hermione, Ron y, sin duda, el humanísimo Harry Potter.
Y si en todos los volúmenes detectamos grandes referentes culturales, ese rasgo alcanza un nivel supremo en "Harry Potter y las reliquias de la Muerte", que aquí, por razones de espacio, concentraremos en dos muy relevantes:
El primer epígrafe del tomo procede de una tragedia de Esquilo ("Las coéforas", segunda pieza de la trilogía "La Orestiada") y aborda la herencia maldita (crímenes y abominaciones) de un linaje anunciando que el remedio vendrá al interior de ese mismo linaje. Marco trágico reelaborado por Rowling con los tres hermanos de las reliquias de la Muerte, linaje de Harry Potter y de Dumbledore (aclaremos que la conexión de Harry con Voldemort no es genealógica). Los descendientes del hermano menor lograrán evitar la tentación del poder y la soberbia y descubrirán que la fuerza mayor es la del amor; algo que nunca entenderá Voldemort, y que le costó aceptar al espléndido Dumbledore, ambos más dotados para la magia que Harry Potter, pero sin la pureza del corazón de este conforme explica un duende en la pág. 412.
La otra referencia es la búsqueda del Grial. Así como Lancelot no era el caballero perfecto destinado a encontrar el Grial, aquí Dumbledore se sabe "indigno" (pág. 604) y la misión está reservada a Harry, quien como Gallahad la cumplirá con la ayuda de dos caballeros capaces de amar.
Terminemos apuntando que Rowling se ha esmerado como nunca en "Harry Potter y las reliquias de la Muerte" y plasma aciertos verbales como el siguiente: "Normalmente, su hermosura eclipsaba a cuantos la rodeaban, pero ese día, en cambio, su belleza contagiaba" (pág. 129).