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EL AMOR DE DIOS QUE RECORDAMOS EN SEMANA SANTA

Más fuerte que los pecados

Por Joaquín Díez Esteban. Sacerdote

Un ambiente de amor y de paz exhala la celebración de este Viernes Santo. El mismo Jesucristo quiere que recordemos hoy el infinito amor que Dios nos tiene, ofreciendo a su hijo como sacrificio salvador por los pecados de todos los hombres.

Y como recuerdo de este amor, el día antes de su cruenta muerte, quiso instituir la Eucaristía como medio para revivir a lo largo de los siglos su inmolación en el calvario por la salvación de todos. Así el Jueves Santo es siempre una conmemoración recordativa de la Última Cena, una vivencia verdadera.

Desde la Ascensión, la Iglesia no solo recuerda esta impresionante prueba de amor, como se encuentra en tantos testimonios de los comienzos del cristianismo, sino que revive el primer Viernes Santo, repitiendo cada día los gestos de Cristo en su despedida en la Última Cena, cuando dio este poder a sus sacerdotes para hacerlo en memoria suya.

El recordado Juan Pablo II escribió: "Este sacrificio de Cristo es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre solo después de habernos dejado el medio para participar en él, como si hubiéramos estado presente. Así todo fiel puede tomar parte en él, obteniendo frutos inagotables. Esta es la fe, de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas".

Verdaderamente en nuestro mundo actual hay mucho pecado y la mayor desgracia humana es no reconocerlo. Desde los primeros años del cristianismo se han señalado siete malas acciones como pecados capitales, como signos de la mayor ofensa a Dios. Pero la perversidad humana ha hecho que actualmente haya acciones que tienen una moralidad mucho más grave y de mayor indignidad para la persona humana que los comete. Es una realidad que donde se ha difuminado el sentido del pecado, allí se desvanece el valor de la existencia de Dios, hasta llegar a negarla.

Hoy existe en nuestro mundo mucha perversión, abundante inmoralidad en las más variadas formas. El crimen, el aborto, la violencia, la drogadicción, el narcotráfico, el terrorismo, la degeneración sexual, la pornografía, desfalcos, robos, la corrupción política y cuántos más etcéteras se podrían añadir a esta larga lista.

Pero ello no puede llevarnos a una visión negativa, pesimista. El amor es más fuerte que el pecado. Como dijo el primer Papa, el pescador Simón Pedro: "El amor cubre la multitud de los pecados". Y aunque el mal aflora con la fuerza de un colector de aguas servidas, contagiando de inmundicia a tanta gente. La presencia viva de Cristo en la Eucaristía es como un manantial de aguas limpias que purifican tantas conciencias.

Aquí está la razón de la alegre esperanza del cristiano en este Viernes Santo. Aquí resplandece el optimismo de los que tienen conciencia de que son hijos de Dios y actúan en consecuencia. Si es verdad que contemplamos a Cristo, muerto en la Cruz ofreciendo hasta la última gota de su sangre por los pecados de todos, esa sangre es signo de perdón y de amor.

Por la sangre derramada en la Cruz, Dios hace que donde abunde el mal del pecado, siempre haya el medio del perdón. Dios siempre perdona un corazón contrito y penitente. El bien del amor es más fuerte que el mal del pecado.

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