Soñando fútbol Julio González, con un brazo amputado, volvió para derrotar a la desesperanza
Por Jorge Barraza
"Dios me regaló el fútbol, una familia, hijos sanos, me regaló poder ir Italia, el fútbol más importante de Europa, jugar en mi selección Y en todos esos momentos yo nunca le pregunté por qué. Estando en el hospital me dije a mí mismo: ¿Por qué ahora le tengo que preguntar a Dios por qué? Debía aceptar las cosas que me estaban pasando y tomar todo en el aspecto más positivo".
Los primeros días de diciembre del 2005 fueron los más felices para Julio González; el gol le sonreía en el Vicenza italiano; llevaba 8 en 15 partidos y el técnico de la selección paraguaya, Aníbal Ruiz, acababa de visitarlo para informarle que sería convocado al Mundial de Alemania 2006. La vida era verdaderamente bella. Con 24 años se sentía fuerte y joven. El 22 de ese mes a las 4:30 de la mañana, mientras conducía hacia el aeropuerto de Venecia para volver a Asunción a pasar las fiestas, un grave accidente cambió para siempre su futuro.
-- Manejaba mi vehículo por la autopista junto a un compañero argentino del Vicenza, Gerardo Grighini. Choqué de frente, primero contra un camión y luego, tras rebotar, contra otro. Uno de esos golpes hizo que perdiera prácticamente el brazo izquierdo y me quedara muy dañado el derecho.
Pese a ello, su extraordinaria fuerza de voluntad le ha permitido volver a jugar en Primera División con el Tacuary de su país. Una historia de amor a la vida Y al fútbol. Lo entrevistamos en su casa de Asunción. No parece un sujeto al que el destino sometió a tan cruenta experiencia, luce dinámico, vivaz, excelente de ánimo.
-- El accidente me cambió la mente. Ahora amo la vida más que nunca, comprendí que no vale la pena luchar por cosas materiales, como antes lo hacía. Me importan mis hijos, la salud, las cosas simples y esenciales.
-- ¿Cuándo te dijeron que debían amputarte el brazo?
-- Los médicos hicieron todo para salvarme el brazo; y lo iban logrando, pero luego de 26 días las arterias ya no respondieron. Tuve una hemorragia importante en las heridas y debían tomar una decisión extrema.
-- Terrible momento cuando te preguntaron
-- Sí, aunque ya estaba un poco preparado, sabía que estaba tan destruido el brazo que no iba a tener sensibilidad, era para la apariencia nomás, más un obstáculo que otra cosa. De esa forma no hubiese podido jugar nuevamente, así que estoy contento de estar con vida sobre todo y de poder hacer lo que a mí me gusta.
Julio jugó dos copas América con la albirroja: Colombia 2001 y Perú 2004, en la que anotó un gol a Brasil en el triunfo paraguayo por 2-1. Y tiene la medalla de plata lograda en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Ya no sueña con laureles ni con millones. Sin embargo, está feliz porque ha vuelto al fútbol, tiene la ansiedad de un debutante. También porque su otro brazo, el derecho, va recuperando de a pocos la fuerza, el movimiento.
-- Hace un año no movía absolutamente nada de este brazo; sin embargo, me operaron y voy mejorando. Ahora me manejo solo, me visto, me alimento solo, conduzco mi vehículo
El 16 de noviembre último, a dos años del cruento suceso, Julio González sintió que volvía a nacer: ese día retornó oficialmente a las canchas, pero con Tacuary. Por el campeonato paraguayo enfrentó a Olimpia en cancha del tricampeón de América.
-- ¿Cómo fue el recibimiento?
-- Todos los hinchas de pie aplaudiendo, algo maravilloso, que no se ve todos los días.
-- ¿Sos de llorar?
-- Soy de llorar (risas). Lloré cuando estaba en el túnel, cuando salí a la cancha Hasta hoy día no tengo palabras para describir esa emoción.
-- ¿Y los rivales? ¿Te hablaron, te quisieron apoyar?
-- Carlos Gamarra, que fue mi compañero en la selección y en ese momento era el capitán de Olimpia, se me acercó y me dijo: "No pienses que porque no tenés brazos no te vamos a patear". Eso para mí es algo lindo, me sentí respetado, que me vieran como un rival que les podía hacer un gol y crear problemas, como ellos a mí.
El pequeño Tacuary, un clubcito que apenas lleva seis años en Primera División, vivió una experiencia inédita: lo taparon con cartas y mensajes de todas partes del mundo cuando Julio volvió al ruedo. Misivas de apoyo a Julio, de felicitación al club.
-- Todo ese cariño de la gente es algo por lo que vale la pena vivir. Han sido meses de muchas emociones, como cuando volví a pisar el césped vestido de jugador, el apoyo del Vicenza, que será para siempre el club de mi vida
De los cinco hermanos González, una es mujer, los cuatro varones son futbolistas. Celso, el mayor (27 años), juega en Libertad; Iván (21) actúa en Suiza. Y David (16) es arquero y milita en las inferiores de Tacuary. Toda la familia recibió dos impactos crueles. A los dos meses del accidente de Julio, falleció la madre.
-- Yo estaba en Italia arreglando los pasajes para volver a Paraguay justamente para poder demostrarle a mi mamá que estaba bien.
El destino lo puso en una carrera con obstáculos. Vallas muy altas. Pero Julio toma carrera y va; pasa algunas, voltea otras y sigue. Es un obstinado de la fe.