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Baile de máscaras

EN UN CINE ABANDONADO, UN GRUPO DE MÚSICOS PREPARA EL HOMENAJE PARA UNA DE LAS MAYORES DIVAS DE LA CULTURA PERUANA EL GRUPO YUYACHKANI PINTA UN NUEVO CUADRO TEATRAL EN "EL ÚLTIMO ENSAYO"

Por Enrique Planas

Un cine agónico cobija a una melancólica compañía de músicos. Ensayan, se quejan, desconfían del talento del compañero, parecen hartos los unos de los otros sin fijarse en sus propios errores y decadencia. Una urgencia los motiva: no queda mucho tiempo antes de la llegada de la legendaria diva a quien deben rendir homenaje. Una anciana artista en cuya vida se reflejan las luces y sombras del país. Podría parecerse a la celebrada Yma Súmac, pero en la biografía de la diva el grupo Yuyachkani ha querido caracterizar algo mucho más simbólico que una leyenda individual. O como reflexiona el escritor Peter Elmore, responsable del texto de la obra, la clave de "El último ensayo" no es la del documento sino el de la reinvención: "Al principio, sentíamos la insistencia de las imágenes y las voces en una atmósfera celebratoria y melancólica. En el montaje, se nos reveló la clave de la forma y del sentido del trabajo; entendimos que "El último ensayo" es, sobre todo, una ceremonia de reconocimiento, en la medida en que reconocer significa no solo dar testimonio de una admiración, sino conocer (y en esta medida, conocernos) de nuevo".

Vuelven entonces a escena el equipo actoral de mayor vigencia en nuestras tablas. Teresa y Rebeca Ralli, Ana y Débora Correa, Julián Vargas, Augusto Casafranca y Amiel Cayo se reencuentran, después de algunas temporadas, con su público. Para Miguel Rubio, el director, para este regreso se ha recorrido un largo camino. "Si alguien ingresaba a la sala de Yuyachkani, temprano en las mañanas, durante estos meses previos a la obra, seguro nos encontraba bailando tango", confiesa en sus notas sobre el montaje. Rubio explica que el grupo llegó al tango como una manera de volver al abrazo, sentir el pulso del cuerpo del otro "y danzar con él con la confianza de ser guiado".

Tras el abrazo, los integrantes del grupo volvieron a escucharse y valorar el espacio compartido. Luego comenzaron a investigar, utilizando como primeras imágenes una serie de pinturas del artista plástico Enrique Polanco. Por ello, en el montaje podremos descubrir sus sombríos cines abandonados, o la sonriente fatalidad de sus expresionistas calaveras. Luego la sala teatral se pobló de imágenes y de ellas empezó a articularse la historia. Para Rubio, la obra se instala en una zona lúdica, sensorial y fragmentada. Juega con varias historias paralelas: la del mismo grupo, la de la diva y la del Perú en el siglo XX. Se trata de un montaje lleno de signos reconocibles para los que siguen la trayectoria de los 'Yuyas', pero que también sorprenderá al nuevo espectador por las sensaciones que su lenguaje teatral sabrá provocarle. Desde el 29 de marzo, en la casa del grupo (Tacna 363, Magdalena del Mar) todos estamos llamados a este homenaje.

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