El dolor de las víctimas, deudos y testigos de las torturas y asesinatos cometidos en Ayacucho durante los años de violencia terrorista se ha convertido en algo que los especialistas denominan trastorno de estrés postraumático, que es una suma de síntomas que hablan de traumas no resueltos y que van desde la migraña, depresión, angustia, insomnio, irritabilidad, ansiedad e intentos de suicidio.
Según el Instituto Nacional de Salud Mental, que ha realizado investigaciones en esta región desde el 2003, el estrés postraumático se refleja en problemas sociales que se van haciendo evidentes en las consultas. Solo en el 2007 más de 18.000 ayacuchanos buscaron atención especializada. Además de las reparaciones colectivas e individuales, sanar las heridas más internas de esta población es también una tarea pendiente del Estado.
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