Por Francisco Melgar Wong
Llevan casi 35 años de actividad ininterrumpida, a pesar de su inusitada longevidad, sigue siendo difícil asegurar qué lugar en la historia de la cumbia peruana (o de la chicha, así, a secas, si queremos evitar incómodos eufemismos) ocupa el Grupo 5. Aunque no posee la imaginación desmesurada de Los Destellos, ni la exuberante sicodelia tropical de Juaneco y su Combo, ni la hipnótica cadencia de los Mirlos, ni la arrogancia marginal y callejera de Chacalón, ni la sensibilidad pop del migrante andino que crearon los Shapis, los oriundos de Monsefú son los dueños indiscutibles de un éxito rotundo que probablemente solo los liderados por 'Chapulín el dulce' y Jaime Moreyra lograron disfrutar en sus mejores días, allá por 1987.
Con gran instinto comercial, evitando cualquier tipo de marca emblemática capaz de convertirlos en un estandarte de cierta sensibilidad o identidad peculiar (rasgo que lucen todos los grupos mencionados anteriormente), los intérpretes de la inofensiva, insípida, aunque decididamente pegajosa "Culebrítica" se han asegurado el fervor del gran público.
¿Y cómo lo hacen? Bueno, en lugar de elegir llevar al público hacia un territorio musical inexplorado, el Grupo 5 prefiere seguir el sendero más seguro y predecible. Y tal como lo sugieren las ventas de este disco durante sus primeras semanas en las tiendas, la fórmula sigue siendo infalible.