Conozca todos los detalles del Abierto de Indian Wells, uno de los grandes torneos del tenis mundial
Por Gerardo Narvarte. Especial para El Comercio
Indian Wells. Para llegar a este paraje desértico que durante 10 días se convierte en un oasis de tenis hay que manejar dos horas y media desde Los Ángeles, tres horas desde Phoenix o igual tiempo desde Las Vegas. En cambio, para los afortunados que pueden pagarse una casa en Palm Springs, el viaje es de apenas 15 minutos.
Solo el estacionamiento constituye un espectáculo: en los primeros lotes, los que corresponden a los espectadores VIP, encontramos Mercedes, Bentleys y Ferraris. Si eres un mortal más, no te queda otra solución que estacionarte en el lote S y caminar varias cuadras sometido a una temperatura que no baja de 40 °C. En los tramos de cemento sentirás el calor del piso bajo tus suelas. Pero nada de esto te detiene porque el calor no compite con la emoción de estar más cerca del gran evento.
El complejo tiene tres estadios y cinco canchas. La entrada más barata cuesta 27 dólares y te permite pasearte por el complejo y ver todos los partidos del turno matinal, pero en la tarde no da acceso a los estadios. En el otro extremo está el abono más caro, una suerte de palco-suite por todo el torneo que cuesta 4.650 dólares. Los que no pueden pagarse una entrada en los partidos estelares tienen el consuelo de las pantallas gigantes.
En este Disneylandia del tenis todo tiene precio de turista. Una cerveza cuesta 6 dólares y una botella de agua, 4,50 dólares. El almuerzo es otra cosa: una hamburguesa no baja de 9 dólares.
Entre la gente suelen dejarse ver los jugadores. Algunos, como la Sharapova, entrenan con el público hipnotizado a su alrededor. Otros se distraen jugando fútbol. Sentados en la cafetería exclusiva para ellos, algunos almuerzan mientras la gente los contempla de lejos.
Son pocos los que ven un partido entero, la gracia está en saltar de cancha en cancha. Los niños, siempre inquietos, persiguen con sus pelotas de tenis gigantes a todos los jugadores al terminar sus encuentros.
Al llegar la tarde un viento helado te hace extrañar el calor de la mañana. Y con el último punto de la noche se forman largas colas en la salida. El oasis del tenis vive durante diez días a ritmo frenético.