EN CAMPAÑA. LIMA EN LUZ ROJA
Por Alberto Villar Campos
En la avenida Brasil, el infierno tiene precio. Recorrer sus 40 cuadras cuesta apenas cincuenta céntimos, pero sus efectos pueden ser devastadores. El más grave de todos, quizá, tenga por protagonista al hígado del pasajero que debe recorrerla a diario, soportando la intragable lentitud de las combis y los micros y, por si fuera poco, la desincronización de los 18 semáforos instalados (en promedio) cada dos cuadras.
Los conductores de vehículos particulares también conocen este infierno. Ellos sufren los efectos de la mala sincronización de los semáforos cuando ingresan a este corredor vial que une cuatro distritos de Lima (Breña, Jesús María, Magdalena y Pueblo Libre) o , peor aun, cuando deciden recorrerlo por completo. Allí donde alguna vez hubo un tranvía, hoy solo quedan los temibles efectos de una capital en luz roja.
El especialista en temas de transporte y presidente de la consultora Luz Ámbar, Luis Quispe Candia, sostuvo que uno de los principales problemas de esta arteria metropolitana es la antigüedad de sus semáforos. "Estos --agregó-- poseen tiempos preestablecidos que no se ajustan a los cerca de 40 mil vehículos que transitan a diario por la avenida, sobre todo en sus horas punta". El Comercio recorrió toda la arteria en un auto a 60 kilómetros por hora --como debe hacerse según el Reglamento Nacional de Tránsito-- y comprobó los efectos de la desincronización.
MALLAS ROTAS
Otro de los problemas que afronta la avenida Brasil es el mal estado de las mallas de seguridad que separan los carriles centrales (utilizados por las 2.820 unidades de transporte público autorizadas por la Municipalidad de Lima, administradora de esta vía metropolitana) de los laterales, destinados al transporte privado. Este Diario encontró al menos 17 huecos en las mallas, los cuales permiten a los transeúntes pasar de un lado a otro arriesgando sus vidas.
El ingeniero y ex regidor Luis Morante opina que esto ha ocurrido debido a la distancia entre los cruces transversales, pero sobre todo porque los ciudadanos no se acostumbran a utilizarlos. Como solución, Quispe Candia planteó que el concejo limeño instalase túneles peatonales que pasaran por debajo de la avenida. Estos serían más fáciles de usar para las personas con discapacidad.
El gerente de Transporte Urbano de la Municipalidad de Lima, Carlos Álvarez Esquivel, se resiste a creer que las mallas metálicas sean rotas por transeúntes desesperados e irresponsables. "Creemos que han sido robadas", aseguró, tras indicar, sin embargo, que su entidad tiene previsto volver a instalar las mallas extraídas.
LA ETERNA CONGESTIÓN
La avenida Brasil sufre embotellamientos en dos de sus cruces más importantes: la intersección con la avenida Bolívar (Pueblo Libre) y el cruce con la avenida 28 de Julio, frente al otrora Hospital del Niño. Ambas intersecciones soportan el paso de vehículos de transporte público y privado y pueden llegar a ser un martirio en las horas punta (de 7 a 9 a.m. y de 6 a 8 p.m.).
Pero no solo eso. En el cruce con la Av. 28 de Julio, los taxistas se han adueñado de una parte del carril lateral de la Av. Brasil, que viene del Centro de Lima (en el sentido norte a sur). La irresponsabilidad los hace aguardar incluso durante horas la salida de los pacientes del nosocomio. Este cuadro se repite en la cuadra 26 de la Av. Brasil, frente al Hospital de Policía. Allí, precisamente, uno de los taxistas intentó explicar las razones de su "provechosa" espera: "Lo que hacemos es un servicio a la comunidad. Esperamos a los enfermos para que ellos no tengan que caminar mucho". Detrás de su auto se veía otros vehículos como ballenas varadas en la orilla.
LA RESPONSABILIDAD ES DE UNO
Como se sabe, la Municipalidad de Lima se encarga de administrar la avenida Brasil, una de las 573 vías metropolitanas que existen en la capital. El alcalde de Pueblo Libre, Rafael Santos, prefiere que ello siga siendo así. Si la responsabilidad se transfiriera a los concejos distritales, se correría el riesgo de que las condiciones de la avenida difirieran mucho de un trecho a otro. "Nuestros recursos son limitados y no podemos instalar un semáforo, porque eso es competencia del concejo limeño. Sin embargo, tratamos de mejorar el ornato lo más que se puede", aseguró.
Similar fue la posición del burgomaestre de Jesús María, Enrique Ocrospoma, quien sostuvo que lo que su comuna intenta es mejorar la seguridad en la zona.
También en su distrito una polémica reja aviva el debate sobre el libre tránsito en la ciudad. Esta se ubica en la primera cuadra del jirón Nasca --entre las cuadras 7 y 8 de la avenida Brasil-- y fue instalada en el 2006 a pedido de los vecinos de la zona, debido a que --aseguraron-- por ahí ingresaban camiones que venían desde Breña, y este era, además, el punto donde se desataban peleas entre pandillas de ambas jurisdicciones.
Rosalba Iriarte, cuya vivienda se ubica a unos metros de la reja, refiere que solo una de las hojas de esta se mantiene abierta durante el día. Esto y los mojones que existen en el lugar --y que obligan a los autos a disminuir la velocidad y transitar en zigzag-- son la pesadilla de las ambulancias y los bomberos. "Aquí se intenta proteger la seguridad de nuestra comunidad", señaló Ocrospoma, tras asegurar que buscará dialogar con el burgomaestre de Breña, José Gordillo, para tratar de resolver el problema.
SOLUCIÓN A LA VISTA
Por lo pronto, Álvarez Esquivel aseguró a este Diario que a mediados de abril la Municipalidad de Lima pondrá en ejecución el sistema de ola verde, que consiste en que los semáforos de una vía se sincronizan de tal forma que los vehículos que circulan por ella encuentren siempre luz verde. Con ello intentarán acabar, de una vez por todas, con un problema de años. La promesa está hecha.
SEPA MÁS
Desfile militar dañó el pavimento
4 Desde el desfile militar por Fiestas Patrias del 2006, el Ejército del Perú se comprometió a reparar la superficie de las pistas dañadas de la avenida debido al paso de sus unidades blindadas.
4 La institución castrense invirtió el año pasado 300 mil soles en los trabajos.
4 Sin embargo, en setiembre último este Diario comprobó que la pista seguía en mal estado, pese a que el Ejército afirmó que se había sellado el asfalto.