Por María Helena Tord
Ubicado en el clásico barrio porteño de La Recoleta y rodeado por jardines y concurridos restaurantes y bares, este histórico cementerio se ha convertido en una parada obligatoria de las rutas turísticas de la ciudad, ya que representa uno de los lugares más emblemáticos, debido a la historia que conserva y las magníficas esculturas que se hallan en los mausoleos y sepulturas, así como por la calidad arquitectónica del complejo.
TEMPLOS DE PIEDRA
Cruzando la elegante avenida Alvear, parques con antiguos árboles de gruesas raíces son la antesala al pórtico de grandes columnas que es la entrada a uno de los primeros cementerios públicos de Buenos Aires, y uno de los más hermosos que existen.
En la década del 70 --cincuenta años después de su creación en 1822--, la clase alta porteña se mudó a la parte norte de la ciudad y tomó este cementerio como la última morada de las familias aristocráticas bonaerenses.
Actualmente, los más de 6.000 sepulcros están organizados en manzanas con más de 70 bóvedas consideradas monumentos históricos.
Las calles arboladas del cementerio confluyen en una amplia rotonda central, donde yace una escultura de Cristo de 1914, realizada por el escultor Pedro Zonza Braino.
CALLES Y MAUSOLEOS
Al recorrer sus estrechas calles nos encontramos con singulares historias y sepulcros de personajes del cine, del espectáculo, de la farándula y de la vida política y artística de Buenos Aires.
Muchos personajes son recordados y reconocidos por sus singulares muertes, por la belleza de sus féretros o por sus románticas historias de vida. El sepulcro más visitado y el que siempre tiene flores frescas es el de Evita Perón. También reposan aquí renombrados estudiosos como el premio Nobel de la Paz Carlos Saavedra Lamas y actrices como Blanca Podestá, así como cineastas de la talla de Luis César Amadori.
Un gato blanco, uno de los tantos que deambulan silenciosos entre las antiguas posadas de muerte, descansa impávido sobre la delicada escultura de una espigada mujer. Se trata del lugar de Liliana Crocciati, hija de un reconocido pintor, que falleció en 1970 cuando se encontraba en su luna de miel y fue atrapada por la nieve en la habitación del hotel. Es imposible no detenerse a observarla. En la escultura en bronce aparece Liliana con su traje de novia acompañada por su perro.
BELLEZA ETERNA
El cementerio ha sido remodelado en dos ocasiones, una en 1881 y otra recientemente en el 2003. Mientras se recorre el lugar hallamos a especialistas limpiando las esculturas de mármol y volviendo a hacer brillar las placas y estatuas de bronce en un continuo proceso para mantener vivos los recuerdos del pasado de la ciudad y de las historias de estos personajes que han cobrado vida en el cementerio por sus artísticos lechos de muerte.
Este lugar se ha convertido en un lugar de descanso también para los vivos. Vemos durante nuestra visita cómo reposan en las bancas apacibles turistas e incluso locales asiduos del cementerio, que vienen a leer y descansar en el silencio relajante de esta morada final.
UBICADOS
Para no perderse y visitar los sepulcros más reconocidos sin problemas, en la puerta principal venden unos mapas del cementerio donde se describe la ubicación de los entierros más destacados.
El horario de atención es toda la semana de 7 a.m. a 5 p.m. y los domingos las visitas guiadas son a las 2.30 p.m. La entrada es gratuita y el precio del mapa es de 10 pesos (aproximandamente US$3,5).