La salida de Julio Favre del Fondo de Reconstrucción del Sur (Forsur) motiva varias reflexiones. Ante todo, hay que reconocer la entrega y dedicación del empresario que aceptó el encargo, ad honórem y a sabiendas de las dificultades que le esperaban.
La tarea era realmente monumental, a la vista de los terribles daños que causó el terremoto del 15 de agosto en el sur chico, que demandaban una reacción tanto en el corto plazo, pero también en el mediano y largo plazos. Esto último correspondía al Forsur.
No podemos dejar de mencionar las zancadillas que le pusieron personajes tan negativos e irresponsables como el presidente del Gobierno Regional de Ica, cuanto otros del Congreso y del propio Gobierno, que hacían más pesados los trámites burocráticos para el Forsur, en lugar de aligerarlos en vista de la emergencia.
Así y todo algo se avanzó. La gestión de Favre y su equipo deja un proyecto técnico y arquitectónico de reconstrucción de Pisco y otros pueblos, con una concepción pragmática y estética, cuya posta para ejecutarlos debe ser tomada por alcaldes y regiones.
A siete meses de la tragedia, es momento de dejar de lado las rivalidades fatuas y la politiquería para pensar en las necesidades de cientos de miles de compatriotas que no pueden esperar más.