IRAQ. GUERRA CIVIL
BASORA [El Comercio/ Agencias]. No son suficientes los atentados suicidas y las redadas de las fuerzas aliadas. El sur de Iraq se ha convertido en un campo de batalla entre los soldados y milicianos chiitas, que en los últimos tres días ha acabado con la vida de 105 personas y centenares de heridos. Solo ayer fallecieron 44 personas.
Pese a las voces que reclaman su dimisión, el primer ministro de Iraq, Nuri al Maliki, se comprometió a continuar la ofensiva contra los rebeldes. "No vamos a renunciar a nuestro compromiso. Negociar con los forajidos es contrario a la Constitución. Su única opción es abandonar las armas y dar garantías de que van a respetar la ley", aseguró el primer ministro en un comunicado.
Maliki dio el miércoles un ultimátum de 72 horas a los milicianos para que cesen la violencia. A pesar de que el primer ministro aseguró que perseguían a bandas de criminales, negando que el objetivo fuese el poderoso Ejército del Mahdi (principal milicia chiita iraquí), su líder, el jefe radical Muqtada al Sadr, consideró que su grupo es el centro de los ataques, e instó a las autoridades a encontrar una solución dialogada al conflicto que estalló el lunes.
El movimiento sadrista pone en entredicho la legitimidad de Maliki y exige una mayor representación en las instancias del poder.
Los combates alcanzaron ayer la ciudad de Kut y proseguían en la sureña Basora, donde un oleoducto fue saboteado.
TOQUE DE QUEDA
La ola de violencia también afectó Bagdad, donde el gobierno decretó la imposición del toque de queda hasta la madrugada del domingo.