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Una casa del ALBA en el Apra

Por: Juan Paredes Castro |

Nadie hubiera imaginado que una bancada parlamentaria aprista, históricamente disciplinada, se convertiría alguna vez en el mayor obstáculo legislativo de un gobierno aprista, como ocurre hoy en día.

¡Qué tal ironía!

Tanto ha desarrollado su espíritu y su práctica de rebeldía frente a la agenda oficial, que cualquier voluntariado bolivariano, de esos que Hugo Chávez tiene por cientos, podría ser mucho más colaborador.

Así las cosas, no hay necesidad de levantar las alfombras del Congreso para encontrar allí elementos desestabilizadores potenciales, como los que efectivamente reúne la bancada aprista, principalmente contra los intereses de su propio partido.

¡Toda una casa del ALBA en el corazón del Apra!

Las convocatorias presidenciales a Palacio de Gobierno y las llamadas puntuales y oportunas de Alan García, como cuando nada pudo impedir la votación en bloque a favor de la causa de impunidad de Tula Benítez, entraron por una oreja y salieron por la otra de la bancada aprista.

¿Qué puede haber deteriorado la relación del Gobierno con su representación política en el Congreso?

Entre otras cosas, que la bancada no se haya prestado diligentemente a ciertos requerimientos del Ejecutivo, y, a su vez, que este no haya cedido a los tarjetazos parlamentarios destinados a incrementar la burocracia.

¿Acaso la adulteración de la ley orgánica del Poder Ejecutivo no es una demostración de cómo aquello que no salió por la vía legal del voto (en pos de nuevas plazas en los ministerios) debía salir, entre gallos y medianoche, mediante el ardid oscuro y delincuencial del trámite parlamentario?

Todos saben que aquí estuvo la mano del Apra. ¡Pero quién da la cara! ¿Solo Wilder Calderón?

En suma, las zancadillas de la bancada aprista al Gobierno reflejarían el malestar general de su partido, a causa, entre otras cosas, de la cancelación de compromisos de precampaña y de campañas electorales que tenían que ver con la colocación de militantes en plazas de los ministerios. La pregonada meritocracia de García y la discreción de él mismo por evitar cualquier parecido con la desbocada empleocracia del 85-90 han echado un balde de agua fría a los entusiasmados predios de Alfonso Ugarte.

Frente a cada nuevo plenario, Luis Gonzales Posada hace ahora las cosas al revés: primero busca reunir los votos casi imposibles, como los del fujimorismo y del humalismo. Luego pasa el sombrero por Unidad Nacional y otras alianzas menores, con las que no tiene problemas. Finalmente no sabe si los votos del Apra, su partido, le servirán, para bien o para mal.

Quizás por eso Luis Giampietri vota más en sintonía con el fujimorismo que con el Apra y Javier Valle Riestra prefiere largarse a su casa.

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