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Chau Marx

Rincón del autor. El campesino pasó de ser explotado a ser pasado por alto. Al mismo tiempo las ciudades han crecido con base en una población que tiene vida propia

Por Richard Webb

Desde siempre, la suerte del pobre era ser exprimido, no ignorado. El esclavo era cama adentro. Participaba física y económicamente de la vida de su dueño. El siervo tenía una relación estrecha de obligaciones y derechos con el señor feudal, casi como el empleado de una multinacional moderna. En la sociedad colonial, el indio fue incorporado a la fuerza, y muchas veces separado de su familia, para trabajar en una mina o hacienda. Cuando llegó la revolución industrial, según Karl Marx, el obrero era parte esencial del engranaje del sistema capitalista y, como el ganado del ganadero o el remero de una galera, se encontraba 'dentro' del sistema para ser mejor explotado. Todo esto ha cambiado. Hoy, la pobreza y el sufrimiento humano no resultan de estar 'dentro' de un sistema de dominación y explotación sino al contrario, de estar 'afuera'. Ese es el mensaje de dos informes recientes, uno del Banco Interamericano de Desarrollo, "¿Los de afuera?", y otro del Banco Mundial, "Por un Perú menos pobre y más incluyente".

La evidencia a favor de esta nueva teoría es fuerte. Desde hace tiempo los mecanismos de explotación humana, como la esclavitud, el feudalismo y el salario de hambre del obrero industrial, han venido desapareciendo en casi todo el mundo, pero la pobreza ha persistido. Menos y menos se la puede explicar como una explotación basada en el uso de la fuerza. En el Perú, por ejemplo, se produjo un avance dramático en contra de la explotación cuando se dictó la reforma agraria en 1970, medida que fue anunciada con el eslogan: "Campesino: el patrón no comerá más de tu pobreza". Pero la pobreza continuó porque su causa principal no era la explotación sino la bajísima productividad en el campo. Más bien, después de la reforma agraria desaparecieron los incentivos empresarial y político para mejorar las técnicas de producción en la sierra. El campesino pasó de ser explotado a ser pasado por alto. Al mismo tiempo, las ciudades han crecido con base en una población que tiene vida propia, que se las arregla independientemente del sistema tradicional de normas, derechos y obligaciones. El pobre de la ciudad es más un llanero solitario que un explotado. Si antes la pobreza provenía del aprovechamiento del hombre por el hombre, hoy viene más del desaprovechamiento de la masa de la población.

Las causas del desaprovechamiento humano son diversas. Una de las señaladas por el BID y el Banco Mundial es la discriminación, mal que se mitiga con normas y educación, pero que solo desaparece con el cambio cultural. Para una gran parte de la población, la atención de salud, la calidad de educación y la provisión de infraestructura son muy deficientes, pero es difícil distinguir cuánto del problema se debe a la discriminación y cuánto al alto costo de atención de atender a una población dispersa en sierra y selva, en una geografía difícil. Otra causa de desaprovechamiento humano se refiere a las innecesarias trabas y dificultades que enfrenta el pequeño empresario, resultado de la legislación de lujo que exige la élite de la sociedad pero que es insensible a la realidad de la vida del pobre. Sin minimizar esos y otros factores señalados por los informes mencionados, me sorprendió la poca atención que se le dio a la incomunicación que sufre la población rural, que indudablemente es la más 'excluida'. En mi opinión, la forma más efectiva para incluirla y de elevar su productividad consiste en una rápida multiplicación de los caminos rurales, puentes, teléfonos e Internet.

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