Por Francisco Miró Quesada Rada. Politólogo
El ingreso del budismo al Tíbet se produjo por dos oleadas conocidas como la "primera" y la "segunda difusión del dharma". La primera oleada ingresó el siglo VII d.C., porque la esposa del rey tibetano Songtsen Gampo llevó a Lhasa, la capital, las primeras imágenes de Buda.
A finales del siglo VIII se fundó el primer monasterio en Samye con ayuda de un santón que profesaba el budismo tántrico. El budismo tántrico se originó en la India, pero en el siglo XIII fue erradicado por los musulmanes que invadieron ese país. Esta primera difusión del budismo concluyó debido a la represión y consecuente persecución que se inició durante el reinado de Langdarma. Posteriormente en el siglo X de nuestra era es reintroducido y se convierte en la creencia oficial de los tibetanos.
Fue en este período donde surgió el linaje Galukpa dando origen a los Dalai Lama, que literalmente significa "maestro del océano" y algunos lo traducen como "océano de sabiduría". Entre 1617 y 1682 los Dalai Lama se convirtieron en líderes seculares y religiosos.
Analizando los orígenes históricos, está claro que el Tíbet no perteneció a China, aun más, cuando vemos los mapas de la época antigua, el Tíbet tenía una extensión mayor a la actual y abarcó territorios que ahora pertenecen a la China. Su extensión territorial ha quedado reducida a 1'221.600 km2, es casi del tamaño del Perú. Fue una potencia militar en el siglo IX, pero luego estuvo ocupado durante el Imperio Chino Manchu en el siglo XVIII. Cuando el Imperio Manchu cayó en 1911, los ejércitos chinos fueron expulsados. Sin embargo, entre 1931 y 1936, China reafirmó su poder, hasta que en 1950 durante el régimen comunista liderado por Mao Tse Tung, ocupó de nuevo el Tíbet oriental y posteriormente Lhasa.
Desde la perspectiva china, el Tíbet es una región autónoma, pero esta no es la realidad porque es una nación sojuzgada por el Gobierno y el Estado totalitarios. Por esta razón es que en ciertos momentos el pueblo tibetano se rebela contra el poder central chino. Por ejemplo, en marzo de 1959, hubo un levantamiento armado, que motivó la huida del Dalai Lama a la India. En diciembre de 1964 el Panchen Lama, una divinidad real que habían protegido los chinos contra el Dalai Lama, fue destituido estableciéndose restricciones en los monasterios y suspendiéndose el reclutamiento de novicios.
Las autoridades religiosas fueron reemplazadas por las autoridades del partido y el Tíbet está sometido a constante vigilancia por el estado totalitario. Hace unos días un diario tibetano prochino invocó a los tibetanos a "amar al partido", como si el partido fuera Dios, un padre magnánimo, una madre sacrificada o un hermano. A diferencia de Taiwán, que sí pertenece a la China, la historia demuestra que el Tíbet nunca le perteneció y más bien fue anexado por la fuerza. Por eso cuando se opina sobre la actual situación hay que hacerlo con prudencia porque no todo se reduce al mercado y al negocio, también hay que respetar los derechos de los pueblos que con justicia reclaman libertad e independencia.