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EDITORIAL

La visita de Sebastián Piñera y las relaciones peruano-chilenas

Su visita a Lima despertó polémica en Chile.

El ex candidato presidencial Sebastián Piñera trajo un mensaje positivo y conciliador sobre el presente, pasado y futuro de las relaciones peruano-chilenas. Es más, en una propuesta coherente, abogó por mantener el contencioso internacional con nuestro país donde debe estar --en la Corte Internacional de La Haya--, y por una política de cuerdas separadas, que evite minar la agenda bilateral común en lo político, lo económico y lo cultural.

El líder de Renovación Nacional y actualmente favorito para las próximas elecciones chilenas señaló que aun cuando comparte la posición oficial de su país sobre el diferendo limítrofe, respetará el fallo de La Haya sea cual fuere. Una declaración conciliadora respecto de lo que debería ser la reacción de dos naciones que accedieron a la máxima instancia supranacional y se comprometieron a acatar sus sentencias sin dudas ni murmuraciones.

Fue innovadora su propuesta de derogar el canon del 10% que reciben las Fuerzas Armadas de Chile por la venta del cobre de la empresa estatal Codelco. Frente al armamentismo, que nuestro país ha colocado en el último orden de las prioridades, se trata de una perspectiva diferente que tranquiliza el vecindario latinoamericano, más aun proviniendo del líder político de un país que moderniza y renueva su material bélico constantemente .

En lo comercial, Piñera expresó sentir una sana envidia por el nivel de crecimiento que vive el Perú. Y fue saludable su lectura sobre los retos que aguardan a la región en materia de lucha contra la pobreza, el fortalecimiento de las democracias e instituciones y la aplicación de una economía social de mercado, frente a ciertas iniciativas populistas, antisistema y de "nacionalismos enfermos".

Si en el Palacio de la Moneda, más allá de quién sea el jefe de Estado, prevalecieran las propuestas proactivas esbozadas por Piñera tal vez nuestro país podría reconsiderar un cambio en la política de negociación del gas de Camisea, siempre y cuando ello no afecte la demanda interna, que debe ser plenamente satisfecha.

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