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LA SALUD DE INGRID BETANCOURT NO RESISTE MÁS ENCIERRO

¡Libérenla ya!

Muy malas parecen ser las noticias que llegan desde la selva sobre la salud de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, la única mujer del grupo de canjeables que sigue en poder de las FARC. Al punto de que el Gobierno lanzó el jueves la audaz iniciativa que deja sin límites el número de guerrilleros que serían liberados --sin consideración por el tipo de delitos que se les imputa--, una vez que sea puesto en libertad "el primer secuestrado".

No se conocen testimonios directos sobre la precariedad de su salud, pero, a juzgar por la urgencia con la que se expidió el decreto, es de suponer que la Casa de Nariño posee suficientes indicios para temer que las enfermedades que la afectan (entre ellas una hepatitis B contraída antes de su secuestro) tienen en serio riesgo su vida. La dolorosa realidad de quien fuera una fogosa y combativa política con la que han estado jugando las FARC durante siete años obliga al país a clamar por su liberación.

Tan delicada situación no resiste ni el exasperante 'peloteo' al que las FARC y el Gobierno nos han acostumbrado, cuando se trata de definir la libertad de los secuestrados, ni los anuncios esperanzadores acompañados de declaraciones que ensombrecen el alcance de los mismos. ¿Cuál es el propósito del Gobierno de abrir un resquicio de esperanza para las familias de los secuestrados con la expedición de un audaz decreto que ofrece poner en libertad a todos los guerrilleros encarcelados a cambio de la liberación del "primer secuestrado" si al mismo tiempo reitera la oferta de 100 millones de dólares para recompensar a los guerrilleros que ayuden a liberar secuestrados y anuncia que se están dando pasos para lograr la "localización humanitaria" de los secuestrados? Desde ese ángulo parece efímera, como en otras ocasiones, la esperanza que despertó el decreto presidencial, que además insiste en los 'inamovibles' que han trabado toda posibilidad de un acuerdo humanitario, como el de que los guerrilleros liberados prometan que no volverán a delinquir.

Hay que volver a decir con claridad que las únicas responsables de la vida de Ingrid son las FARC, que la han sometido al más ignominioso de los tratamientos, pero el Gobierno no podrá dormir tranquilo si llegara a morir en cautiverio. La vida de Ingrid pende de un hilo y en el poco tiempo que queda hay que echar mano de cuanto recurso haya, inclusive de las gestiones del impredecible mandatario venezolano, Hugo Chávez, con tal de traer a Ingrid de inmediato a la libertad.

Por desgracia, la situación hoy con las FARC, presas de una comprensible paranoia por los golpes que han recibido, hace más complicada cualquier solución de corto plazo. Han roto toda comunicación con el mundo exterior, y el mismo Chávez, el único que ha gestionado con éxito la liberación de secuestrados, ha reconocido que hace buen tiempo no tiene noticias de Ingrid. Eso, sumado al anuncio de las FARC de que la liberación de los cuatro ex congresistas el 27 de febrero era la última que harían de manera unilateral.

Algo de generosidad del Gobierno y de compasión de las FARC, que han demostrado de todas las formas posibles no saber qué es eso, podrían salvar a Ingrid de una muerte segura y devolverles la esperanza a los demás secuestrados, a los que no olvidamos. Por ahora, y reconociendo una absoluta impotencia, quizá porque sospechamos de la respuesta de las FARC, solo nos resta decir que acompañaremos cualquier convocatoria pública que se haga para la liberación inmediata de Ingrid Betancourt. En consideración a su condición de mujer, madre y esposa.

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