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Entrevista ALICIA RUIZ

"Yo lo arriesgué todo"

Despedida a los 49, creyó que su vida laboral había acabado. Pensó en partir. Se le presentó aquí una oportunidad (una locura, según su familia). El 2007 facturó US$100 mil. Ella es feliz

Por Antonio Orjeda

Última de seis hermanas y nacida en el centro poblado de Tambogán, en Huánuco, Alicia señala que su madre agricultora era una mujer sabia. Una a una las mandó a estudiar a la capital. Antes de ello, desde niñas las hizo participar en sus tareas de panificación. "Nos levantaba a las cinco de la mañana". Horneaba las masas que ellas diseñaban, incluía en la venta los panes de sus hijas. "Yo los hacía en forma de muñequitas, de pajaritos". Al término de las vacaciones mamá le entregaba a cada una el dinero que habían generado. "Y nos llevaba a la ciudad para que nos compráramos lo que quisiéramos. Una vez vendí tanto, que me compré unos zapatitos blancos".

Así --asegura la hoy empresaria Alicia Ruiz-- la preparó su madre para que enfrentase la vida. Ella, que también es maestra cesante y asistenta social dada de baja, es la mejor obra de mamá.

El 92, hace 16 años, cuando usted tenía 49 años, fue despedida del Banco Minero. Creyó que su vida productiva...
¡Se había acabado! Y como mucha gente, dije: ¿qué hago? Tengo familia en el extranjero: ¡me voy!

Qué sintió cuando le dijeron: Alicia, se acabó.
Angustia, desesperación. ¿Y ahora qué hago? Me la pasé pensando toda la noche...

Tres meses después, sin embargo, inició esta empresa; y el año pasado facturó cien mil dólares. ¿Cómo se siente ahora?
¡Feliz! Le cuento una anécdota: mi último cumpleaños lo pasé triste (tras haber sido despedida), con una torta chiquita, dos personas y mi hermana... Si ve las fotos de mi último cumpleaños: mariachis, mozos, toda la familia, amistades... La Alicia de hoy es una mujer realizada, satisfecha; con unas ganas enormes de retribuir al lugar donde nació. Ese es mi compromiso.

Su vocación, empero, fue ser maestra. Lo fue por décadas. ¿De cuánto es su pensión de maestra cesante?
De 720 soles.

¿Es justo?
¡No es justo! Oiga, yo no solo trabajé duro. ¿Se imagina lo que es trabajar día a día con 40 chicos con personalidades diferentes? Hay un desgaste emocional. Uno tiene que prepararse. ¡Yo me preparé!

Y todo para que ahora el Estado le pague 720 soles.
¡Cómo creen que voy a vivir con eso!

Como muchos, usted pudo haberse dedicado a llorar sus penas. ¿Por qué no lo hizo?
Porque siempre me he considerado una persona con capacidad de lucha. Siempre he querido tener un mejor nivel de vida. Como maestra, yo viví en un departamento pequeño. Más no podía pagar. Pero yo quería algo mejor. Ahora mira esta casa (grande, en Sol de la Molina)... Me he pituqueado (ríe)... Pero esta casa la he puesto a disposición de mi familia, y de toda la ayuda que yo pueda brindar.

¿Cómo fue? Cesó del magisterio, en paralelo era asistenta social del Banco Minero, la despidieron. ¿Cómo arrancó esto?
Para entonces yo tenía dos departamentos chiquitos en Ingeniería. Dije: alquilo uno, acomodo en el otro mis cosas y me voy a Estados Unidos. Puse un aviso y vino Mary, la chica que fue mi socia. Vino varias veces, parecía indecisa; y como soy curiosa, le pregunté: ¿por qué no te decides? Me contó que estaba por asociarse con un economista para poner un negocio similar al de la empresa donde ella trabajaba (una proveedora de insumos para la industria alimentaria). Ella tenía su cartera de clientes. "¿Qué necesitas?". "Un local chico, teléfono y un poco de plata"...

Usted tenía el dinero de su liquidación.
Sí. Entonces le pregunté: ¿y por qué no te asocias con el economista? "No, él quiere que también sean socias su esposa y su cuñada, cuando los que vamos a trabajar somos solo él y yo". Y como yo soy de decisiones rápidas, pensé: si ese economista quiere entrar en el negocio, debe ser por algo, debe haber sondeado el mercado. ¿Para qué lo iba a pensar más? "Entro contigo". Al tercer día habíamos constituido ya la empresa. Pero le dije: mira, María, vamos a trabajar duro, pero con lealtad, con transparencia. Tú me dices lo que yo tengo que hacer, ¡y yo lo hago!

Iba a usar el 100% de su liquidación.
Sí, yo lo arriesgué todo.

¿Qué dijo su familia?
Que estaba loca. "Tú no conoces el negocio, ¿qué vas a hacer?". Pero yo me puse a aprender.

Un año después, sin embargo, descubrió que Mary le había fallado.
Me falló. Se aprovechó: hacía cobranzas por lo bajo. Pero como yo revisaba las facturas por las noches en mi casa, me di cuenta. La llamé. "Mary, yo no puedo trabajar así. Tú me das mi plata y yo me voy". "Alicia --me dijo--, yo he sido la deshonesta. La que debe irse soy yo"... Le di lo que le correspondía, y se fue.

Su experiencia previa era otra. Usted no era empresaria. ¿Por qué siguió? ¿No sintió miedo?
¡No! Además era una cuestión de dignidad, de orgullo. ¿Qué iba a decir de mí mi familia? Que había tirado la plata. Además, esa chiquita solo tenía secundaria... No, dije: ¡yo sigo con esto! Y comencé a llamar a los clientes, a visitarlos, y ellos me fueron enseñando. Poco a poco fui aprendiendo... Oiga, yo trabajaba hasta las 11, 12 de la noche. Yo era la que compraba, la que preparaba, la que vendía, la que llevaba, la que cobraba. ¡Todo!

Hubo un momento en el que usted comenzó a fallarles a sus clientes porque su proveedor de fruta confitada no le cumplía con sus plazos de entrega. Entonces decidió dejar de contratarlo y convertirse en su competencia.
Claro, porque yo nunca quiero quedar mal, ¡y menos con mis clientes! Yo dependo de ellos. Y cuando hice mi primera producción les prometí que a partir de ahora iban a tener sus pedidos a tiempo. ¡Ya sé hacer fruta confitada! Incluso en la televisión me hicieron un reportaje... Este trabajo de empresaria me ha dado muchas satisfacciones. Siento el cariño de la gente, de mis trabajadores; yo ahorita me puedo accidentar y vienen ellos y hacen cola y dicen: sáquenme toda la sangre, que si es para la tía Alicia, ¡yo se la doy! Sucede que yo los trato como personas, ¡son parte de mi familia!

Nació en el centro poblado Tambogán, en Huánuco. El año pasado, tras constatar el grado de desnutrición y analfabetismo en la zona, con dos paisanas organizó un proyecto que ha devenido en un comedor popular y una biblioteca municipal.
¡Sí! Y en agradecimiento, Tambogán me ha declarado ¡su hija predilecta!

Usted no tenía por qué hacerlo.
No, pero así como Dios bendice mi trabajo como una empresaria, es necesario que yo comparta con quienes menos tienen; y no hay pueblo que se desarrolle donde hay desnutrición y analfabetismo, donde las mujeres no conocen sus derechos.

O sea que usted, si bien hoy es empresaria, sigue siendo maestra y asistenta social.
Sí. Nosotras habíamos preparado un proyecto a través del Club de Rotarios de Los Olivos y lo enviamos a Canadá, pero el tiempo pasaba, y como no teníamos respuesta, les dije a mis amigas: no nos podemos quedar, hagamos un piloto en mi comunidad, y después lo llevamos a las de ustedes. Porque tampoco íbamos a esperar a que lo haga el Estado. Al Congreso van a servirse y no a servir a sus pueblos. Por eso existe el terrorismo.

Dígame, cuando cobra su cheque de cesantía...
Casi ni lo cobro... es que da cólera: una se ha entregado, mis padres se sacrificaron para enviarme a Lima, ¿y todo para recibir esa migaja? No es justo.

Qué pasa cuando se encuentra con sus colegas.
Muchas se quedaron...

¿Qué hubiera sido de usted si tras ser despedida se iba a EE.UU. como lo tenía planeado?
Yo me habría regresado, ¡al toque! Porque ¿cómo habría sido allá mi vida? Trabajar y dormir. Una vida fría, vacía. Hubiera sido una persona frustrada. No habría podido reunirme con mis paisanas, irme a Tambogán, estar con mi gente. Oiga, yo ahora tengo mi horno de pachamanca. ¡Estas son mis raíces! Acá podemos hacer dinero. Todo está en querer: si uno se propone, uno lo hace. Si no te proyectas, si no tienes visión de futuro, te quedas, pues.

Eso lo aprendió de su madre.
¡Sí! Los padres tienen la obligación de orientar a sus hijos hacia el trabajo. ¡Por ahí se debe empezar! Si desde temprano los chicos saben cómo arreglar un caño, cómo generarse un ingreso, ¡nuestro país será diferente!

LA FICHA
Nombre: Alicia Ruiz Zevallos.
Colegio: G.U.E. Las Mercedes, en Huánuco.
Estudios: Docente egresada de la Escuela Normal Julio A. Chiriboga y trabajadora social de la Universidad de San Martín de Porres. Trabajó en la primera aula creada en el país para atender a niños con problemas de aprendizaje.
Edad: 63 años.
Cargo: Propietaria y gerenta general de A y M Importadores.

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