En el 2006 se reportó 207 objetos sustraídos y en el año pasado, 341. El INC presentó textiles recuperados en marzo. Piezas fueron adulteradas
Por Andrea Castillo Calderón
Cada pieza del patrimonio cultural y arqueológico es única e invalorable para la identidad del país. Empero, el número de objetos que son reportados como robados va en aumento. En los últimos dos años, ese número se incrementó en más de 50%, al pasar de 207 objetos sustraídos, en el 2006, a un total de 341 en el 2007, según estadísticas del Instituto Nacional de Cultura (INC).
El tipo de piezas que desaparecieron de museos e iglesias, principalmente, también varió de un año a otro. En el 2006, la mayor parte de objetos sustraídos correspondió a pinturas (32%), platería (14%), escultura (12%), textilería (9%) y cerámica (8%). El año pasado, en cambio, las piezas de metalurgia fueron las más afectadas (51%), seguidas de platería (20%), pintura (9%), escultura (8%) y objetos litúrgicos (5%), entre otros.
Varios de los bienes concuerdan con la clasificación de la llamada lista roja de antigüedades peruanas en peligro, elaborada por el Consejo Internacional de Museos para prevenir la exportación ilegal de bienes culturales del Perú y contribuir a la protección del patrimonio cultural del país. Esta lista, que fue presentada en Lima, en noviembre pasado, viene a añadirse a la colección de listas rojas ya publicadas sobre África, América Latina, Iraq y Afganistán .
Para la directora del INC, Cecilia Bákula, la lucha contra el robo y tráfico ilegal del patrimonio cultural y arqueológico del país compromete a todos. "Así como estamos alertas frente al tráfico de drogas, de igual manera debemos estarlo ante el tráfico de bienes del patrimonio cultural", dijo luego de presentar en el Museo Nacional de Arqueología y Antropología e Historia del Perú, en Pueblo Libre, un conjunto de objetos recuperados, gracias al trabajo de investigación de la Policía de Turismo y la intervención del Ministerio Público.
Se trata de una pieza cerámica de la cultura Chancay (1100 d.C. a 1475 d.C), que el 19 de marzo pasado fue decomisada a un vendedor ambulante en el Centro de Lima, y de nueve piezas textiles que se exhibían en dos locales, uno en Barranco y otro en Chorrillos, de una empresa de restaurantes, cuyo nombre no fue divulgado (para no entorpecer la investigación en curso). En la intervención del 27 de marzo también se encontró una túnica o unku prehispánico.
ADULTERADOS
Peritos del INC situaron la antigüedad de los textiles, de estilo costa central, en el período que va del año 1000 d.C. a 1475 d.C; y de la túnica, de estilo costa sur, de 800 d.C a 1300 d.C. En ambos casos, los objetos fueron adulterados: a los nueve textiles se les añadió diseños antropomorfos (pintados y bordados), mientras que la túnica presentaba costuras en la parte central de la pieza.
Cecilia Bákula recordó que la adulteración del patrimonio cultural era un delito grave que tipifica el Código Penal. "Si bien recuperar es muy bueno, no perder (patrimonio) sería siempre el ideal", dijo luego de destacar el trabajo de la Policía de Turismo y del Ministerio Público, que investigan ambos casos.
CLAVES
Fiscalía ad hoc investiga los casos
4La Fiscalía Provincial Penal 45 de Lima ha asumido la investigación de los recientes decomisos de la Policía de Turismo (nueve textiles prehispánicos, una túnica y una cerámica Chancay).
4El INC presentará próximamente un conjunto de objetos (entre textiles y piezas arqueológicas) recuperados en Argentina, Alemania, Dinamarca y España.
DEL CONSULTOR
WALTER ALVA. Arqueólogo
Hay que crear conciencia
En este tipo de decomisos hay dos temas importantes. Uno, que quien posee objetos arqueológicos debe registrarlos, como establecen las leyes vigentes desde hace más de 50 años. Muchos incumplen estas normas y otros lo hacen intencionalmente porque comercializan con los bienes culturales. En segundo lugar, comprar esos objetos significa adquirir algo que ha sido extraído ilegalmente, con lo que se propicia más el saqueo.
Los decomisos realizados constituyen una muestra de la eficiencia de la Policía de Turismo para frenar la venta indiscriminada. Hay que continuar por este camino para atrapar a los cabecillas. Asimismo, debe crearse conciencia y evitar que restaurantes, hoteles y otros establecimientos manipulen los bienes culturales que provienen de tumbas prehispánicas como despojos, cuando merecen conservarse en un lugar adecuado. Una práctica común en el tráfico de bienes históricos es que los reducidores decoren, reformen, refaccionen o hagan cambios a las piezas para elevar su valor mercantil, lo que causa daños irreversibles en los objetos.