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Punto de vista

Una estrella en la frente

Por Rolando Arellano. Doctor en márketing*

Algunos de nuestros lectores se preguntarán qué significa el llamado grado de inversión obtenido por el Perú recientemente. La mejor manera de explicarlo, disculpando la banalidad del ejemplo, es la de decir que es una estrella que, como a los niños que se portan bien en el nido, le pone en la frente al país la comunidad económica internacional. Si bien esta calificación es muy importante para cualquier país, para el Perú lo es mucho más, en la medida en que nuestro país, con el mismo presidente, recibió hace unos años el gorro de castigo que en los colegios le ponen a los que se portan mal.

El lector se preguntará cuál es el beneficio directo que trae a un país la obtención del grado de inversión, y la respuesta es ninguno. No es que por ese grado se reciba un premio en efectivo, se generen automáticamente créditos o se obtenga algún beneficio tangible. No. El efecto es únicamente de imagen, que no es poca cosa pues los beneficios indirectos son muy importantes. Con la estrella en la frente, que en América latina solamente tienen Chile y México (Brasil estaría cerca, quizás para el próximo año), el Perú se vuelve un lugar reconocido como mucho más seguro para la inversión y eso atraerá en un tiempo a más inversionistas, y también hará que bajen las tasas de interés que se cobren sobre los créditos que nos otorguen. Gran beneficio.

Como decíamos arriba, esta estrella tiene exactamente el efecto contrario a las orejas de burro que le pusieron al Perú en 1988. Recordemos que en esas épocas nuestro país fue declarado paria de la economía internacional, cuando el presidente Alan García proclamó abiertamente que pagaríamos nuestras deudas internacionales solamente con lo que nos sobre de otras obligaciones internas. Aclararemos que esta situación fue también únicamente una cuestión de imagen, pues en realidad, eso era exactamente lo mismo que ya estaba haciendo la mayoría de países latinoamericanos, y era lo que ya hacía el Perú con Belaunde. El problema se generó porque, en lugar de continuar haciéndolo en voz baja, a nuestro presidente se le ocurrió gritarlo a voz en cuello, obligando así a la comunidad financiera a declarar como pérdida lo que antes llamaba simplemente cuentas por cobrar. El pez por la boca muere, dice con razón el refrán popular.

Veinte años después, el obtener el reconocimiento de la comunidad económica, mediante el otorgamiento del grado de inversión al Perú, muestra que ya no solo los peruanos --las recientes declaraciones de Mario Vargas Llosa sobre el presidente son un caso remarcable-- están comenzando a perdonar a Alan García. Hoy la comunidad financiera del mundo le otorga también un perdón manifiesto, una estrella en la frente, que ojalá, por el bien de todos, se comprometa a guardar celosamente.

* CENTRUM CATÓLICA / ARELLANO MÁRKETING, INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA

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