LA SEMANA QUE PASÓ
Por Pedro Ortiz Bisso
Convertida ya en una mezcla de culebrón venezolano con 'reality show' chicha, la trama de esa telenovela llamada revisiones técnicas vehiculares dio un giro dramático el último lunes, al conocerse la decisión del tribunal arbitral de la Cámara de Comercio de Lima de disponer la reanudación del proceso. El final feliz que se auguraba luego de que el Congreso aprobara un proyecto de ley otorgándole al Ministerio de Transportes y Comunicaciones facultad para organizar las inspecciones en Lima y el resto del país quedó así postergado. Como en las viejas telelloronas de Venevisión, el destino cruel nuevamente le negaba la felicidad a sus atribulados protagonistas.
Si este fuera un relato de ficción, vaya y pase. ¡Cuántas veces hemos visto sufrir a Adela Noriega o a la inacabable Lupita Ferrer! Bastaría con exprimir el pañuelo con disimulo y cambiar de canal. Pero esta historia es real y los protagonistas son de carne y hueso: los cientos de miles de conductores que hacen malabares para manejar entre el tráfico caótico y los millones de peatones que debemos soportar tanta chatarra andante y humeante por nuestras calles.
El informe de esta edición (ver páginas 8 y 9) da cuenta de cómo el parque automotor peruano, pese a ser reducido en comparación con otros países (apenas tiene 1'4 millones de vehículos), produce más muertes que cualquier otro, tanto por accidentes como por contaminación ambiental. Y tiene un añadido criminal: su vejez. Su antigüedad se estima en 17 años.
La Municipalidad de Lima ya adelantó que no acatará el fallo del tribunal arbitral, mientras que Lidercon ha anunciado que en unos 20 días volverá a tener en operación sus plantas. En tanto, los 250 mil conductores que cumplieron con la inspección, algunos después de colas kilométricas, deben seguirse preguntando si la calcomanía que recibieron y ahora llevan pegada en el parabrisas alguna vez tendrá una real utilidad.
Las revisiones técnicas no van a acabar con los accidentes ni con la contaminación ambiental, pero ello no disminuye su importancia. La torpeza y precipitación de la comuna metropolitana en el manejo del proceso ha derivado en este embrollo monumental, cuyas consecuencias son difíciles de predecir, que perjudican a la ciudad y contribuyen a debilitar más la confianza de la gente en sus autoridades .