ANÁLISIS ECONÓMICO
Por Fritz Du Bois
La sensación que da que nuestro país finalmente se haya graduado en términos de economía internacional, al haber recibido el grado de inversión, es similar a lo que un estudiante siente al terminar. Luego de años de esforzarse, llega el reconocimiento con el grado de bachiller así como la celebración. Pero esta no debe durar mucho ya que inmediatamente vendrán los siguientes pasos a escalar: empleo, tesis, titulo, posgrado. Porque en la modernidad no se puede dejar de avanzar, el que se queda parado inevitablemente se cae.
Por ello, lo primero que debemos hacer es consolidar nuestra posición asegurando que otra agencia también nos otorgue el grado de inversión, y para lograrlo debemos mantener el rumbo que a buen puerto nos ha llevado. Habiendo sido la continuidad de la política económica la base de la confianza de los mercados durante más de una década, sería ilógico hacer cambios. Menos aun usar un tema tan coyuntural como la inflación para justificar introducir heterodoxia por la puerta falsa o entregar el MEF a un compañero. Cualquiera de esas acciones aseguraría que nos quiten el grado recién otorgado antes de poder siquiera usarlo.
Lo que deberíamos estar preparando es una agenda para aprovechar la calificación. Tenemos que finalmente desterrar a los cuatro jinetes del Apocalipsis que nos trajeron miseria y siguen cabalgando. El primero es la pobreza, es increíble que luego de 15 años creciendo a un promedio anual de más de 5% todavía tengamos a la mayoría de los peruanos subempleada. Es evidente que la legislación laboral ha fracasado y los únicos beneficiados han sido dirigentes sindicales o abogados laborales. No hay otra forma de salir de la pobreza que teniendo empleo adecuado y mientras no se flexibilice el mercado laboral seguiremos excluyendo a los más necesitados del bienestar que genera el crecimiento.
Luego tenemos la mediocridad que nos resta competitividad. Empresas con baja productividad pero que con protección artificial logran utilidad o entidades estatales sin interés por el consumidor que mantienen el deficiente nivel de infraestructura pública estancado. Reducir aranceles y concesionar agua, saneamiento, puertos y carreteras es fundamental. Asimismo, la burocracia sigue cabalgando sin que nadie la moleste y es una fuente permanente de ineficiencia y de corrupción. Finalmente, está el aislamiento al que siempre algunos quieren regresar sin importar que excusa dan, ya sea que el dólar está bajo o que los precios están altos. Se debe apurar la marcha en la firma de acuerdos para asegurar que el 2011 no haya forma de dar marcha atrás. La meta debe de ser llegar con más del 70% del comercio exterior peruano asegurado, para lo cual es imprescindible lograr en mayo que los jefes de Estado europeos acepten que el Perú podrá negociar bilateralmente un tratado.
Habiendo sido Alan García el primero en plantear en su plan de gobierno, durante la campaña electoral, el objetivo de obtener grado de inversión, no debería tener problema alguno en mostrar la misma convicción para reformar y progresar. Si se percibe que hay voluntad de acción, la confianza hacia el país será cada vez mayor y se habrá consolidado nuestra posición en la región. Ojalá no se caiga en dudas existenciales sobre el beneficio de la graduación o en el facilismo de pensar que no hay más que hacer ya que el grado se logró. Peor aun sería dejarnos arrastrar en la complacencia del éxito logrado y ser seducidos por viejas distorsiones que lamentablemente siguen circulando. El grado de inversión ha puesto por primera vez en el horizonte de nuestro país la posibilidad de lograr un permanente salto en bienestar, por lo que sería un verdadero crimen que no avancemos rápido, por lo menos hasta concluir el posgrado.