Empieza a imponerse la sensatez: En los últimos días se han dado varios hechos que denotan un esperanzador cambio de actitud, tanto del Gobierno Central como de los representantes de los gobiernos regionales, que se abren cada vez más a la formación de macrorregiones como la verdadera alternativa descentralizadora y rentable.
Las reuniones del presidente Alan García con las cabezas de las regiones han sido muy favorables a esta tendencia, como lo demuestran las propias declaraciones del primer mandatario y de presidentes regionales como Vladimiro Huaroc (Junín) y Yehude Simon (Lambayeque). De allí se colige que más temprano que tarde podamos ver formadas una o dos macrorregiones pilotos.
¡VOLUNTAD POLÍTICA ANTE TODO!
El reto ahora es alentar esta voluntad política, de modo que lleve a tomar las decisiones pertinentes para la fusión de regiones y así aprovechar más eficazmente su potencial económico, político y social.
Efectivamente, la configuración de regiones sobre los departamentos existentes fue una decisión politiquera y facilista, que no ha conseguido el objetivo descentralizador, debido también a los celos y atávicos prejuicios localistas.
Pero la realidad se impone. Cuando el país crece a un ritmo de 8% anual y se abren nuevas vías de integración e intercambio global, por ejemplo a través del TLC con Estados Unidos y otros convenios, las mismas regiones se dan cuenta de la imposibilidad de responder aisladamente a esta apertura de mercados y de que solo unidas podrán explotar mejor sus recursos y dar un mejor nivel de vida a sus habitantes.
Todos los estudios, desde comienzos del siglo pasado, aseveran que la formación de siete u ocho grandes regiones transversales es la mejor vía para acabar con el centralismo. Solo así se generan espacios con economías de mercado más amplias y complementarias entre sí, que puedan rentabilizar mejor sus recursos y su canon, y abrirse a la posibilidad de convertirse en polos de desarrollo atractivos y autosuficientes para proyectos que demandan gran inversión.
Tan simple como eso. Ya no se trata tanto de dar leyes y normas que ya existen, como la que dio el régimen toledista para incentivar las fusiones (apoyo técnico, recursos adicionales, fondos compensatorios, incentivos tributarios, etc.), sino de que los líderes nacionales y regionales, con auténtico convencimiento y voluntad política, expliquen mejor a la población estas y otras ventajas de las macrorregiones.
GOBIERNO CENTRAL Y REGIONES: TRABAJAR JUNTOS
Todo ello de modo que los avances políticos puedan ser aprobados, esta vez sí, por referéndum democrático en que la participación ciudadana sea responsable, enterada y razonada; y no como sucedió en el 2005 cuando el referéndum fracasó por inquinas parroquiales de caudillos locales y por la politiquería de ciertos partidos.
Otro aspecto fundamental es entender que el nuevo mapa político, caracterizado por macrorregiones, no significa traerse abajo el Gobierno Central, sino trabajar y coordinar juntos la repartición racional de las tareas del Estado. La estructura de este, de acuerdo con la Constitución, reconoce y exige la existencia de un Gobierno Central y unitario, que ordene el Estado, se ocupe de cuestiones nacionales y transfiera gradualmente a las regiones competencias y recursos que ellas pueden manejar mejor y eficientemente dentro de su autonomía.
Las macorregiones pilotos servirán para mostrar al resto sus indiscutibles ventajas. Se prevé dos fusiones iniciales, de Amazonas, San Martín y La Libertad, y otra de Cajamarca y Lambayeque; y ya algunos gobiernos regionales han mostrado disposición para trabajar en la formación de juntas interregionales, como ocurre en el oriente y el norte.
La unión hace la fuerza. Corresponde no solo al Gobierno Central sino a las autoridades y líderes regionales responsables seguir fomentando el tema y lanzar campañas cívicas para que la población comprenda que las macrorregiones son la opción de futuro para la división política del país. Y no solo porque permiten sumar esfuerzos y recursos para ser más competitivos y atraer inversiones, sino porque liman odios absurdos y asperezas atávicas que siguen anclando a la pobreza y la división a los peruanos.