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CRÍTICA DE ARTE

Museo de Arte Italiano

Por Élida Román

El Caso del Museo de Arte Italiano, sito en el Parque Neptuno, frente al Palacio de Justicia, es especial y también ejemplar. Durante todo abril, y como parte de la II Bienal de Grabado organizada por el ICPNA, se puede conocer gran parte de los grabados italianos que constituyen su acervo y que han sido rescatados por el buen criterio y mayor esfuerzo de quienes tienen a su cargo la institución, Irene Velaochaga y Marisol Ginocchio, con el valioso aporte de un equipo que se ha convertido en modernos mecenas aportando su trabajo y haciendo posible la materialización del proyecto. Al frente, la Asociación Conservando (Rossana Kuon y Marina García Belaunde, restauradoras y conservadoras), que viene presentando importantes proyectos dedicados al cuidado y a la protección del patrimonio cultural. Si bien no son estos todos los nombres que han intervenido, me parece importante destacar estas presencias, sin las que no podríamos asistir hoy a esta interesante muestra en la que es posible una mirada a la gráfica de principios de siglo pasado, a través de obras en las que, en todos los casos, la ejecución técnica es de primer nivel, y la variedad temática permite revisar las tendencias e intereses de aquel momento.

Casi todos los artistas presentes han tenido activa y reiterada participación en las Bienales de Venecia, y la mayoría muestra una trayectoria inquieta, de periplo europeo y significativo éxito. Por citar algunos casos, Giulio Aristide Sartorio, una de las grandes figuras de la plástica italiana del siglo XIX, que comisionado por su gobierno efectuó una gira por América Latina en 1924; Adolfo de Carolis, también importante figura de ese período y conocido muralista; Pietro D'Achiardi, a quien Pío IX encomendara organizar la Pinacoteca Vaticana, inaugurada en 1909; y formando parte de la breve aportación en el último cuarto del siglo XX, Luciano Minguzzi, artista reconocido por la Tate de Londres y el MoMA neoyorquino, autor de la Puerta del Bien y del Mal en la Basílica de San Pedro; el notable Valeriano Trubbiani, escenógrafo que ha trabajado con Federico Fellini y a quien José Saramago le dedica un espacio especial en su "Manual de pintura y caligrafía"; y el notable Concetto Pozzati, uno de los mayores representantes del pop italiano.

Una visita al MAI permite también reencontrarse con pinturas, esculturas y mobiliario de la Italia de los años 20, cuidada selección de Mario Vannini Parenti, que junto al bello edificio fue el regalo de la colonia italiana al Perú con ocasión del centenario de la Independencia.

Las posibilidades de crecimiento, optimización de gestión y mayor presencia de este museo están a la vista. Lamentablemente forma parte del INC y por ello sufre las consecuencias de la falta de un presupuesto adecuado y una libertad, fuera de burocracia, que le permitiría alcanzar muchos logros. Es un caso especial porque es una colección suficiente y no muy extensa, un espacio óptimo, un emplazamiento muy bueno y a cargo de un equipo humano profesional y entusiasta.

Quizás sería bueno pensar en una alternativa que libere posibilidades y elimine los tropiezos, humanos y administrativos, que hoy son un obstáculo a vencer.

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