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Congreso, bis

Rincón del autor. Con seguridad, ninguno de los 120 legisladores permitiría que en sus negocios o actividades privadas hubiera alguien que cobrara sueldo sin hacer nada

Por:   |

Por Mariella Balbi

Es ocioso repetir que el Congreso es una institución necesaria para la vida democrática. Hasta por negación se llega a tal conclusión, los países sin Congreso son solo dictaduras. Sin embargo, este principio indispensable para una nación civilizada nada tiene que ver con los alegatos de algunos parlamentarios nacionales, quienes al escuchar las inevitables críticas a su pésimo funcionamiento, consideran que en el fondo lo que se quiere es cerrarlo. El presidente García sostuvo que la mejor manera de que algo no prospere era mandándolo al Congreso y el presidente del Consejo de Ministros --parlamentario en préstamo al Ejecutivo-- ha declarado que no sirve a la democracia. Ante ello, y frente a otras expresiones consonantes, ocurre entre las filas parlamentarias un clásico de clásicos: el victimario que se convierte en víctima.

En vez de aprovechar las críticas para enmendar el errático accionar del Congreso surge un pueril espíritu de cuerpo que ya tiene su palabra en el habla nacional: el 'otoronguismo'. Todos se apañan entre ellos, las acérrimas discrepancias políticas desaparecen por arte de birlibirloque, ¡zaz!, de la manga sale una unidad celestial. La acusación contra el congresista Pando se archivó porque no había votos suficientes. Poco importa la grosera irregularidad cometida, le tienen 'camote'. Lo mismo con la congresista Cajahuanca, contrató a un fantasma vendedor de gas y a un inhabilitado. Con seguridad, ninguno de los 120 legisladores permitiría que en sus negocios o actividades privadas hubiera alguien que cobrara sueldo sin hacer nada. Nadie en su sano juicio se sentiría moralmente bien de haber pasado el vendaval gracias a un archivamiento y a la cómplice imposibilidad de una rectificación.

Junto con la falta de vergüenza interior está la inasistencia. Se requiere una ley de carrera judicial, aparentemente consensuada y discutida; pero no importa, muchos se 'hacen la vaca' y 'sorry' sistema judicial; 'sorry' también carga procesal y surrealistas vacaciones judiciales, para otra vez será. Se propone vacar en el cargo a los faltones contumaces e impenitentes. El contraargumento 'otoronguero' es que sería inconstitucional. Si se procede a discutir una reforma constitucional, la parla y los argumentos serán de antología.

Se puede empezar con incrementar considerablemente el descuento por faltas injustificadas; el bolsillo es el talón de Aquiles de nuestros congresistas. Muchos de ellos postulan por una 'chamba segura de cinco años' y por estatus. Cada semana se debe publicar la lista de los faltones a plenos y comisiones y conocer la justificación con total transparencia. En los trabajos reales se pide certificado médico cuando uno se enferma, el Congreso no es virtual. El presidente del Legislativo bien puede leer el nombre de cada uno de los faltones, detallar el monto de la multa y el puntaje acumulado. Mal hacen algunos parlamentarios en decir que por hechos puntuales no se puede desprestigiar a una institución. Ya está superlativamente desprestigiada, tampoco se diga que no se puede calificar a todos por igual. Todos, los 120, son responsables de la falta de ética que observamos, por acción o por omisión. "Lo que natura no da, Salamanca no lo presta", reza el dicho, solo quedan las sanciones draconianas.

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