Pese a la falta de interés de antaño, los actuales proyectos privados para la recuperación y ampliación de la red ferroviaria peruana revelan el interés por volver a uno de los más eficaces y económicos medios de transporte público. Para empezar, el ferrocarril es hasta tres veces más económico en el uso de combustibles que los camiones modernos y, por eso, su amplia utilización en países desarrollados y emergentes.
Además, es irrefutable que el transporte ferroviario es la mejor alternativa para movilizar grandes volúmenes de carga a través de zonas agrestes o largas distancias. Es el caso de los minerales.
Pese a tales evidencias, el Perú fue a contracorriente de esas universales ventajas. Desde la nefasta experiencia de la empresa estatal Enafer hasta su disolución, hubo un retroceso en este campo que se prolongó en el tiempo. Eso causó que hoy en día contemos solo con dos mil kilómetros de línea férrea y que solo el 5% de la carga del país se movilice en trenes.
Por suerte, eso parece que cambiará y las miradas se vuelven hacia la confiable ruta del ferrocarril. Está en marcha, luego de ser declarado de interés nacional, un proyecto privado para unir Perú y Brasil a través de una portentosa obra de ingeniería que demandará 4.500 millones de dólares. Pero, además, están en curso proyectos para modernizar la ruta Lima-Huancayo-Huancavelica y redescubrir las potencialidades en tramos cortos en el Callao, Huacho y Lurín, para luego continuar hacia el norte y el sur.
En tiempos modernos, el tren puede cumplir una función crucial en la interconexión del país, con menos costo y a toda máquina.