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MACHISMO: CONDENA UNÁNIME A LOS AGRAVIOS DE LEGUIZAMÓN

Todos la defienden

La ministra de la Mujer y hasta la Defensoría del Pueblo dieron su apoyo a Silvia Reyes

El (merecido) cargamontón contra el volante uruguayo Mario Leguizamón, por los agravios que lanzó contra la árbitra Silvia Reyes el domingo pasado, ya sobrepasó el ámbito futbolero. Ayer, la ministra de la Mujer y Desarrollo Social, Susana Pinilla, se sumó a las protestas y pidió que el futbolista sea sancionado con severidad, más allá del mes sin sueldo con que lo castigó la Universidad San Martín.

"Es una muestra de la patanería de algunos varones", expresó la ministra. "Pido la máxima sanción para este futbolista que no tiene ningún motivo para tratar así a una mujer, más aun tomando en cuenta que el fútbol es un emblema para los niños".

Incluso Pinilla se atrevió a elucubrar una justificación para el comportamiento del charrúa: "Nuestro país, y en general América Latina, tiene altos índices de violencia familiar. Quizá este futbolista ha vivido esta situación de pequeño y por eso actúa así".

También la Defensoría del Pueblo se pronunció sobre el tema. Mediante una nota de prensa, califica de discriminatorias y denigrantes las declaraciones de Leguizamón y también las de su compañero Roberto Silva --quien cuestionó la designación de Reyes a los partidos de su equipo--.

La defensoría envió un oficio a la gerencia del club en el que expresa que "tanto las declaraciones de Mario Leguizamón como las de Roberto Silva contienen un sentido sexista, denigrante y violento que contribuye a perpetuar la discriminación por razón de sexo en todas sus formas y espacios".

Una entre veinte
En breves declaraciones a RPP, Silvia Reyes aclaró que no pensaba dejar el fútbol y explicó por qué no había aceptado las disculpas públicas que Leguizamón le extendió ayer. "Yo no acepto sus disculpas porque él me ha faltado el respeto y atentó contra la moral", dijo.

"Acá el detalle es que hay jugadores que no quieren aceptar que las mujeres estamos capacitadas para dirigir un partido de fútbol", añadió la árbitra. En cualquier caso, tendrán que acostumbrarse, porque Silvia Reyes no es la única mujer en esta actividad. Además de ella, hay otras dos asistentas que tienen el rango FIFA, 13 más en Primera División y cuatro en tercera. En total, son 20 las árbitras registradas en el Perú, de un total de 160 jueces del fútbol.

Reyes, de 27 años, lleva nueve en el arbitraje y recientemente dirigió cuatro partidos del Sudamericano Femenino Sub 17 realizado en Chile. El 2006 arbitró cinco partidos de Primera División en el Perú y el 2007 otros tres. El San Martín-Alianza Atlético fue su primer partido del 2008. Ayer, El Comercio buscó insistentemente una entrevista con ella. Aunque inicialmente accedió, por la tarde no contestó las llamadas a su teléfono. En su casa dijeron que había salido de viaje.

ENFOQUE
Un oficio difícil para cualquiera*
A los pobres árbitros los acusan de ladrones, les mentan la madre, los tildan de cornudos, hacen alusiones terribles a su vida sexual. De ellos se dice de todo. Lo único que no he escuchado nunca es que no son necesarios. Y no deberíamos ser tan duros con ellos, porque más allá de los errores que cometen, con los árbitros ocurre lo mismo que con los sacerdotes: hay escasez de vocaciones, no cualquiera nace con el coraje o la temeridad necesaria para ser árbitro FIFA --o siquiera para arbitrar una pichanga de fin de semana--, y lo cierto es que sin ellos el fútbol sería una disciplina impracticable, más similar al catchascán o al full contact que al despliegue de técnica individual y juego de equipo que admiramos y solemos llamar, con un poco de huachafada, el deporte rey.

Bienvenidas sean entonces las vocaciones arbitrales y muchas gracias por hacer posible el juego. ¿Qué más da que sean mujeres? Todos los argumentos esgrimidos contra la presencia de damas en el arbitraje rayan en el machismo retrógrado. Decir que no pueden dirigir porque son muy sensibles a las lisuras que se profieren en la cancha remite a un estereotipo que, llevado al extremo, implicaría que ni siquiera pudieran entrar a un estadio o subirse a una combi. A Silvia Reyes y a sus colegas (hombres y mujeres) tenemos que evaluarlos por su conocimiento del reglamento, su capacidad física y su habilidad para estar cerca de la jugada y resolver con rapidez. Ninguna de estas cualidades es exclusiva de los varones. De la misma manera, la sanción por agredirla debe ser similar a la que se impondría por un agravio similar cometido contra un varón. La discriminación positiva --su mismo nombre lo dice-- es otra forma de discriminación.
* Jaime Cordero C.

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