Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

UNA SEMANA DESPUÉS DEL ACCIDENTE, LAS OTRAS DOS VÍCTIMAS SALIERON DE LA CLÍNICA

Joven atropellado por conductor ebrio sigue en sala de cuidados intensivos

Un juez dictó orden de comparecencia en favor del chofer Julio Saravia Montoya

Por Fabiola Torres López

Carlos Venegas García ha vuelto a abrir los ojos, pero su mirada no es la misma. Esos grandes y saltones ojos verdes hoy expresan la impotencia de un muchacho que se despierta en la sala de cuidados intensivos de una clínica local y no entiende por qué cambió su vida de esa manera. Tiene la cabeza hinchada por los golpes, un edema cerebral y múltiples fracturas en el cuerpo.

Quizá la última imagen que recuerda es la de su enamorada, Natalia Bravo, y de la pequeña Alessandra regresando de cenar juntos luego de celebrar su nuevo empleo en una empresa de seguros. Esa era la vida de Carlos Venegas hasta la noche del miércoles 2 de abril. Estaba contento, sano y con muchos planes. "Le faltaba solo un ciclo para terminar la carrera de Ciencias de la Comunicación. Había dejado su currículo en varias empresas hasta que lo llamaron de una", relata su hermana Claudia.

Aquella noche, aproximadamente a las 9:30 p.m., Carlos y sus acompañantes cruzaron hacia la berma central de la cuadra dos de la avenida Guardia Civil cuando --sin que pudieran verlo-- un Toyota azul, de placa CIA 171, los embistió por la espalda.

Al volante iba Julio César Saravia Montoya, ebrio y sin reflejos para controlar el automóvil que, al girar hacia la derecha, volvió a chocar contra dos vehículos que se encontraban estacionados. Saravia, un contador de 30 años, padre de dos niños e hijo de un militar en actividad, tenía 1,74 gramos de alcohol en la sangre (el límite máximo permitido es 0,49) cuando atropelló a Carlos, Natalia Bravo y la hija de ella de 4 años. Ellas sufrieron heridas y fracturas de consideración, pero dejaron esta semana la clínica, mientras que el estado de salud de Carlos es aún incierto.

Desde hace una semana sigue en la unidad de cuidados intensivos y su familia está las 24 horas del día al pie de su cama con la esperanza de que las heridas cerebrales sean reversibles. "Carlos ha reaccionado, pero no puede ordenar sus ideas aún. Ha dicho incoherencias y se despierta por momentos sobresaltado y con rabia por lo que le ha pasado", cuenta su hermana.

ASUME RESPONSABILIDAD
"Soy responsable, me siento mal con lo sucedido. Me he comprometido a través de mi abogado a pagar todos los gastos hasta que se rehabilite el joven Venegas", dice un Julio César Saravia que se oye arrepentido a través del teléfono. Nos ha llamado, luego de dos días de haberlo buscado en su casa, para aclarar que no está prófugo y que pagará con su trabajo todos los daños.

Aunque la comisaría de Orrantia (San Isidro) elevó a la fiscalía de turno el atestado policial de Saravia en calidad de detenido por los delitos contra la vida y la seguridad pública, el juez de turno Óscar Rivero Ramos le otorgó comparecencia sin restricciones.

En su decisión no importó que la policía haya consignado en el atestado 81 que el conductor intentó darse a la fuga apenas ocurrió el accidente y que, por esa razón, volvió a estrellar su vehículo contra otros autos estacionados en la avenida Guardia Civil.

"El juez me preguntó: ¿Qué harías si quedaras en libertad? Yo le dije que me haría cargo de las víctimas, y me soltaron", narra Saravia. Las familias de los afectados solo pueden sentir indignación y más dolor con esta decisión judicial.

BUSCAN JUSTICIA
El caso ya ha pasado al Juzgado Penal 29, pero el inicio del proceso no será suficiente para borrar las marcas que les quedarán a Carlos, Natalia y su niña.

La noche del 2 de abril Julio Saravia bebió más de la cuenta en una reunión con unos clientes en San Luis. Se despidió y tomó el volante sin pensar en las consecuencias. No pagó con su vida ese error, pero atropelló el destino de otros.

Saravia dice que tiene pesadillas diarias, que no puede concentrarse sin que las imágenes de una muchacha sobre el parabrisas, una niña y un hombre tendidos en el suelo lo atormenten. No se perdona lo que hizo y muchos aún tampoco pueden hacerlo.

La familia de Carlos Venegas solo pide justicia. Alfonso, su padre, espera que las leyes de este país se cumplan y que conductores ebrios como Saravia paguen con la cárcel sus delitos

Proceso judicial es largo
Una vez que las denuncias contra conductores ebrios que ocasionan lesiones graves llegan a la instancia judicial (luego de haber pasado por el Ministerio Público), estos procesos sumarios deben ser resueltos en un máximo de 120 días. No obstante, la realidad es otra: por lo general, pueden tardar tres años.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook