Si bien se ha acordado que los desagües de Lima desfogarán al mar temporalmente a través del colector de La Perla, ello no exime de responsabilidad a Sedapal en el grave problema que viene de atrás.
La atingencia es necesaria sobre todo cuando la empresa de saneamiento acaba de comprometerse a desarrollar un plan de evacuación, que incluye un espigón y un emisor submarino que deben estar listos en cinco meses. Además, deberá estabilizarse el talud anexo al colector y tratar con insumos biológicos las aguas residuales.
¿Cumplirá Sedapal con los plazos establecidos? Y, lo más importante, ¿iniciará la construcción de la planta de tratamiento de la Taboada en Ventanilla, valorizada en US$ 280 millones, para en el 2010 cerrar el colector de La Perla y erradicar la actual contaminación del litoral.
Tenemos derecho a ser escépticos, pues Sedapal ha fracasado consecutivamente en los proyectos de largo aliento, con el consiguiente malgasto de recursos públicos y con la penalidad que impusieron a muchas personas.
Lo que venía ocurriendo con San Miguel era inadmisible. Tuvo que colapsar el colector para que recién se aplicara una medida que debe ser eminentemente temporal.
Ahora sería nefasto que se traslade la contaminación a La Perla, sin que haya un firme compromiso de que se cumplirá con lo acordado, es decir desarrollar un plan ambiental que reduzca los perjuicios que este colector ocasionará en la pesca artesanal, la calidad de las aguas de las playas y en la salud de los vecinos. Se ha anunciado que se les otorgará una indemnización económica. ¿Pero acaso eso es suficiente?