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El gorila en Buenos Aires

La nacionalización chavista de la siderúrgica Sidor pone en el disparadero a Cristina Kirchner: ¿Defenderá el interés de sus connacionales o primará su ideología populista?

Por Hugo Guerra

Esta semana, querido lector, quería apartarme de la política para compartir con usted el gustoso reencuentro con Buenos Aires, su arquitectura esplendorosa y los porteños entrañables. Pero, antipáticamente, aquí el gran tema es la sombra de 'Hugo Gorila', de quien despotrican desde el taxista de Ezeiza hasta el empresario de la 'city' bonaerense.

La arbitrariedad de nacionalizar la siderúrgica Sidor, del consorcio argentino Techint (que también está en el Perú), es la cereza agria sobre un pastel ya amargo justificado por los chavistas, pues "(Significa) la concreción del sueño de los trabajadores del socialismo del siglo XXI".

Desde el gobierno de Néstor Kirchner (2003 - 2007) se está construyendo una alianza inquietante con Caracas. Chávez bancó la deuda externa vencida por más de US$5.600 millones para impedir la quiebra de una república sumida en crisis desde tiempos de Menem. Además, abastece 10 millones anuales de barriles de fuel oil.

A cambio, recibió bonos (cuyo giro puede ser peligroso) y abastecimiento de carne, leche, aceite, harinas, etc., fundamentales para una Venezuela cuyo déficit en oferta alimentaria sobrepasa el 20% para sus 27 millones de habitantes.

Chávez-Kirchner, además, jaquearon el flanco austral de EE.UU. ampliando el Mercosur y el eje político, energético y, eventualmente, militar que discurre entre La Habana-Caracas-Quito-La Paz-Buenos Aires, con el apoyo extrarregional de Teherán.

La segunda en la dinastía Kirchner, la elegante Cristina Fernández, a quien muchos consideran populista radical, no varía el rumbo. Justifica internacionalmente los excesos de Chávez, manipulando las huestes justicialistas (peronistas), pero se acerca a una nueva colisión con el empresariado. Internamente no atiende los desesperados reclamos de agricultores y ganaderos, que ya dejaron sin abastecimiento de carne al país hace pocos días; y en lo externo, la nacionalización de Sidor enfrenta al Gobierno con la Unión Industrial Argentina (UIA), la mayor central empresaria del país liderada por Paolo Rocca, uno de los mayores potentados del cono sur.

Si Fernández no defiende los intereses argentinos ante el gorila, primero pondrá en riesgo exportaciones por casi US$1.200 millones; segundo, confrontará las auspiciosas proyecciones del FMI para su país; tercero, afectará la renegociación de la deuda externa atrasada con el Club de París (más de US$100 mil millones); y cuarto, privilegiaría irracionalmente los vínculos ideológicos, tal vez porque aun no se supera el 'caso del maletín' (sobre los US$800 mil que Chávez habría aportado a la campaña electoral de doña Cristina, a través del venezolano Guido Antonini Wilson).

En contrapeso, acaba de estar en la Casa Rosada el subsecretario de Estado estadounidense Thomas Shannon, tratando de mejorar las relaciones Washington-Buenos Aires, en lo que constituye una movida novedosa para el ajedrez hemisférico. Pero la pregunta del millón sigue siendo: ¿Podrán los argentinos zafarse de las garras del gorila o la testadurez populista volverá a sumir a este maravilloso país en una crisis extrema como aquella que terminó en el famoso 'corralito'?

Buenos Aires, abril del 2008

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