La tragedia de Nasca, que causó la muerte de cinco turistas franceses, ha terminado revelando las gruesas fisuras de este caótico aeródromo, paso obligado de miles de turistas que visitan las gigantescas líneas, el segundo destino turístico del Perú.
Hay que revertir la alarmante realidad de este saturado y peligroso aeroparque. Resulta irresponsable el descontrol de las autoridades de la Dirección General de Aeronáutica Civil ¿Cómo es posible que no haya un inspector permanente en Nasca --con 32 mil vuelos anuales--, para supervisar las operaciones y hacer cumplir las normas internacionales de seguridad?
Del mismo modo, gracias al auge del turismo, han proliferado pequeñas empresas con aeronaves de escasa capacidad, antiguas y de poco mantenimiento. Y, como en el transporte informal urbano, pululan los 'jaladores' que captan al vuelo a los pasajeros, sin ningún control.
Una desidia similar ocurre con las municipalidades, que no hacen valer el principio de autoridad para erradicar construcciones ilegales al final de la pista. Y qué decir de las instalaciones antitécnicas de cables eléctricos en los aires. Así, cables y casas forman trampas mortales
Este accidente no puede ser uno más. Hay que proteger la vida de las personas y el futuro del turismo nacional. Así, debe promoverse otro tipo de servicios , como globos aerostáticos, para ver las líneas. Pero, mientras tanto, las autoridades deben asumir su responsabilidad de mejorar urgentemente los servicios en el aeródromo y dar la más absoluta garantía de que cada nave que despegue ha pasado por un estricto control.