El Conservatorio Nacional de Música sobrevive en medio de estrepitosas necesidades económicas y al compás de la desatención gubernamental. La evidencia de la postergación de esta única institución pública y superior que otorga el título de músico es que faltan instrumentos para las prácticas. Si esto de por sí es un absurdo, igual de calamitoso es que de forma progresiva y debido a notables debilidades presupuestales, se restrinja el cupo de vacantes.
Esto niega la oportunidad a miles de jóvenes con vocación por esta carrera y afecta a los pocos que logran ingresar al conservatorio, apenas uno entre 10 postulantes. Este gobierno está en la obligación de aplicar una fuerte inyección económica al arte, abandonado por décadas, con mayor razón ahora que sí se cuenta con mayores recursos económicos.
Un paso adicional y con cero costo: el prestigioso conservatorio --que está a punto de cumplir un siglo y donde empezó su formación nuestro tenor Juan Diego Flórez-- merece un ajuste legal para que los egresados plenamente acreditados cuenten con un grado universitario, que les abra las puertas en el país y en el extranjero.