Por Eduardo Morón. Economista U.del Pacífico
Administrar la pobreza es, sin duda, un difícil arte que requiere dosis adecuadas de economista, financista y equilibrista. Pero administrar la riqueza también puede ser igual de complicado. Hace años, cuando los países por alguna razón recibían repentinamente mayores ingresos de golpe, estos se evaporaban con mayor velocidad que con la que habían llegado. El Perú tiene varias historias para contar en esa categoría (guano, caucho, etc.). La teoría económica siempre ha sugerido lo mismo que la abuela: guardar pan para mayo. Es decir, tratar los ingresos temporales exactamente como lo que son: ingresos no permanentes. Por lo tanto, estos no deben ser gastados inmediatamente, lo que lleva necesariamente a ahorrarlos de alguna manera.
En estos tiempos el mundo vive un 'boom' de precios de los commodities. Solo para que tengan una idea el oro, el cobre y el petróleo se cotizan hoy al doble que hace menos de tres años. De esta forma, muchos países han empezado a tener abundancia de recursos que en la mayoría de los casos terminan depositados como reservas internacionales (RIN) o como parte de fondos de estabilización fiscal. En la gran mayoría de casos estos fondos o las RIN son administrados de forma en extremo conservadora. Nunca nadie criticaba esta actitud porque los montos acumulados nunca llegaron a tener el tamaño que hoy tienen --al menos en algunos países--.
El problema surge cuando de pronto los fondos acumulados son mucho mayores a cualquier indicador que la más extrema de las prudencias sugiere. Entonces, la pregunta que muchos se hacen es: ¿qué pasa si con el resto seguimos una estrategia de inversión un poco menos conservadora? Haciendo el paralelo con una familia, uno no tiende a arriesgar si tiene pocos ahorros, pero cuando hay excedentes amplios no hay mayor problema en ser más aventurado. Con esta lógica simple es que nacen los que hoy se llaman 'sovereign wealth funds' (SWF) o, en nuestro idioma, fondos de riqueza soberana. Hay que decir que varios países árabes tienen desde hace varias décadas fondos de este tipo. Por ejemplo, fondos de dichos países son los que han tomado una acción decisiva en el apoyo de varios bancos que tambalearon en la reciente crisis de las hipotecas en EE.UU.
La pregunta para quienes hoy manejan la política económica en el Perú es si con el nivel impresionante de reservas que tiene el país no vale la pena discutir si debemos hacer algo distinto. Según los datos del BCR, el Perú cuenta con más de US$35.000 millones de RIN. No importa cuál sea el indicador de prudencia que utilicemos, es claro que hace rato sobran reservas y lo más probable es que sigamos comprando a lo largo del año aún muchas más.
Hay preguntas complejas que responder. La primera es quién administra el fondo. Poner al Estado a administrar recursos --hoy día con el ejemplo del Banmat-- no parece ser la idea más brillante. ¿Vamos a encomendar miles de millones de dólares a un grupo de profesionales que va a ganar no más del tope salarial impuesto por el Gobierno? ¿O podemos dejar que los técnicos del BCR gestionen esa parte dada su experiencia en el tema? Una pregunta adicional es a dónde irían los beneficios de dicho rendimiento potencial. Y una tercera es qué fondos invertimos: ¿las RIN o los recursos del Tesoro?
El BCR es el menos interesado en ganar o perder dinero, así que es complicado que su directorio favorezca el uso de las RIN para este tipo de aventuras. Otra cosa sería si los fondos vinieran de ahorros del fisco, pero parece que el MEF no parece muy dispuesto a escuchar el consejo de los economistas o incluso el de la abuela.