KIRKUK / BAGDAD [EL COMERCIO/AGENCIAS]. La escalada de violencia no cesa. Un atentado suicida causó ayer al menos 51 muertos en el norte de Iraq, en un nuevo episodio de la lucha sangrienta que libran los milicianos de la célula iraquí de Al Qaeda y los grupos sunitas aliados a las fuerzas estadounidenses.
El kamikaze hizo estallar su carga explosiva alrededor de las 11 de la mañana, hora local, en medio de una muchedumbre congregada en la aldea de Bu Mohamed, en la provincia de Diyala, considerada una de las más peligrosas del país. El atentado dejó también 22 heridos, anunció el capitán de policía Abdalá Jasem.
El ataque ocurrió cuando decenas de personas asistían al funeral de dos hermanos que pertenecían al Consejo de Concientización local, una milicia formada por sunitas que se han sumado a los estadounidenses para combatir contra Al Qaeda.
Un testigo, Imad Abdalá, primo de los fallecidos, contó a la AFP que el atacante suicida detonó su carga bajo la tienda de campaña donde estaban reunidos los pobladores. "Había muertos por todas partes, fragmentos de cuerpos despedazados", explicó Abdalá, aún en estado de conmoción.
Una serie de ataques suicidas dejó el martes 60 muertos en cuatro ciudades del país.
Los milicianos que actualmente luchan con los aliados son, en su mayoría, ex insurgentes que combatían a las tropas norteamericanas, pero que se cambiaron de bando gracias a incentivos financieros. Ahora ellos se han vuelto en blanco de los terroristas, quienes los acusan de traidores.
EL DATO
La locura de la guerra
Unos 300.000 soldados estadounidenses padecen depresión profunda o estrés postraumático después de servir en Iraq y Afganistán, y 320.000 sufrieron lesiones cerebrales, calcula un estudio de la corporación RAND.