Por Mario Fernandez. Enviado especial
Buenos Aires. En Argentina se habían burlado de La Muela, el hincha más publicitado de la San Martín. Cuando les tocó viajar a Lima para el partido de ida, La Muela les generó su peor dolor copero: cayeron 0-2. Era sorpresa y casi fue baile. Esta vez, anoche, cuando se jugaba el pase a la segunda ronda de la Libertadores, River no quiso un dolor de esos.
En el Monumental de Núñez, con menos gente de la prevista y con todos los cánticos dedicados al 'Burrito' Ortega --el mejor de los suplentes-- River Plate sacó adelante un partido que parecía más difícil sobre el papel (de los periódicos de Lima). Fue 5-0, con tres goles de Sebastián Abreu, uno de Radamel Falcao y uno último del chico Ríos. El 'Millonario' se quedó con todas las ganancias.
La primera mitad fue de los arqueros. El de River, Juan Pablo Carrizo, que nunca estuvo, no tapó una sola pelota de los delanteros peruanos, fue un turista 'first class'. Y el de la San Martín, que jugó por él y por todos sus compañeros. De no ser por Leao Butrón, los primeros 45' pudieron terminar con un marcador de básquet. El portero de la universidad sacó tres pelotas de gol (una a Falcao, otra a Abreu, una última al 'Pitu' Abelairas). Al final fue goleada igual. Un papelón.
¿Qué decir de la San Martín, el segundo eliminado de los peruanos coperos? Se rebeló contra la historia reciente --Alianza y su puntaje cero en la pasada Libertadores-- pero no le alcanzó. Jugó su primer torneo internacional, sacó seis puntos, ganó dos de sus tres partidos como local. Y no lo hizo ante cualquiera. El novato le ganó a dos pesos pesados, River Plate y América de México. Digamos que su primera vez fue menos dolorosa de lo que cualquiera (incluido el 'Chino' Rivera, el gerente Álvaro Barco o el Ministro José Antonio Chang) hubiese imaginado. Le faltó un crack por línea o, si quiere, un crack al equipo. Alguien que se pusiera el hombro el equipo contra Católica en Lima para no perder, ese líder que tranquilizara al equipo cuando ganaba en el Azteca 1-0 y parecía que la clasificación era un paradero cercano, posible.
Pero perdió, igual. La vieja costumbre peruana de querer y no poder. El millonario del Perú pareció un equipo pobre (pero honrado) ante el millonario argentino. Los cinco goles de diferencia hablan por sí solos.