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En destaque. ICA. EL RECUERDO DE DOÑA ROSALÍA GARCÍA DE RÍOS QUEDARÁ EN LA MEMORIA Y PALADAR DE LOS QUE PROBARON SU OBRA

La 'Dama de las Tejas' se ha ido

El entrañable amor por la tierra que la vio nacer la llevó, de la mano de su madre, a elaborar con paciencia y dulzura sus primeras tejas o dulces de cobertura de 'foundant' que regalaba con cariño a sus familiares y amigos del antiguo barrio iqueño de Manzanilla, donde nació.

Lo que había surgido tal vez como un simple juego de la cocinita se convertiría, en las manos de la pequeña Rosalía García, en la más dulce tradición iqueña y en uno de los principales íconos de la culinaria de esta parte del país, junto con los adorables besitos y la crocante revolución.

Con tan solo 12 años, Rosalía daba inicio a una tradición que, si bien heredó de su madre, ella mejoraría al añadirle ese toque de dulzura personal que ha perdurado durante prácticamente nueve décadas.

Su casa-taller se convirtió en el lugar más visitado de Ica, junto con la bella laguna de la Huacachina y el santuario del Señor de Luren, ahora en ruinas tras el sismo de agosto pasado.

Esta noble mujer bautizada desde hace varios lustros como la 'Dama de las Tejas' dejó de existir a los 97 años. Sus seis hijos, doce nietos y siete bisnietos heredan la tradición de elaborar el clásico dulce iqueño.

LA HEREDERA
Luisa Ríos García (60), la hija mayor de doña Rosalía, recuerda con orgullo que su madre creó la teja de pecanas cuando este fruto recién aparecía en el mercado. Cuenta que esta se ganó poco tiempo después un lugar privilegiado en la culinaria de la región.

"Antes se elaboraban solo tejas de frutas secas, como pasas, guindones y limones que solo tenían cobertura de manjar. Mi madre innova este producto añadiéndole la cobertura de azúcar, tal como la conocemos actualmente", refiere Luisa García, quien asegura que continuará la tradición y enseñanzas que les dejó su madre.

Los familiares y amigos que ayer la despedían recordaron, especialmente, la vez que el papa Juan Pablo II probó en el Vaticano el tradicional sabor de la teja iqueña.

"Doña Rosalía era una mujer de extraordinaria sensibilidad humana. Todo aquel que llegaba a su morada, en la urbanización Santa María, era bien recibido, sea que fuera un personaje muy encumbrado o un ciudadano común y corriente", destacaron vecinos y pobladores que la acompañaron hasta su última morada en el cementerio Saraja.

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