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¿Qué hace García: Cambia de objetivo o de colaboradores?

Por: Juan Paredes Castro |

El presidente Alan García no puede quedarse por más tiempo buscando al último responsable de la corruptela en el Banco de Materiales. Esa tendrá que ser labor de su ministro de Vivienda, Enrique Cornejo. Ya ni siquiera del contralor, Genaro Matute, que se topó con la coladera y le toca irse en noviembre próximo.

El mandatario tiene que mirar hacia arriba, hacia la cúpula de manejo del frondoso árbol de las empresas del Estado (el Fonafe), no para hacer hilo y pabilo de su directorio, que seguramente está constituido por buenísimas personas, algunas del Apra, sino para examinar, con rigor gerencial, si este realmente puede acompañarlo en el objetivo suyo (que lo recordamos ayer) de llevar al Perú, de aquí al 2011, a los primeros puestos de desarrollo económico y social en Sudamérica.

Ocurre que lo que haga o deje de hacer el directorio y la presidencia del Fonafe en adelante repercutirá en más o menos inversión, en más o menos producción, en más o menos competitividad, en más o menos señales a futuro respecto de nuestro posicionamiento regional.

La primera limitación que el propio García le impuso a su carrera hacia el objetivo del 2011 fue bajar los estándares salariales ejecutivos en la administración y en el sector empresarial estatales. Desde entonces él mismo y su equipo ministerial viven rodeados del fantasma de que no es fácil repotenciar la gestión del aparato público, entre otras cosas, porque escasean las personas idóneas y con experiencia y porque, valgan verdades, muchos de los colaboradores presidenciales en los más altos puestos del Estado tendrían que pasar una prueba mayor que la de la simple amistad o lealtad partidaria.

Lo descubierto en el Banco de Materiales es un golpe tan fuerte para el jefe de Estado que ahora debe inclinarse por resolver un dilema: debe abandonar su ambicioso objetivo del 2011 o más bien abandonar, por necesidad del mismo objetivo, cuadros ejecutivos y operativos que no le sirven.

A esta cirugía dolorosa tendría que llegar. Pero de esta misma traumática cirugía podría salir hacia un nuevo tipo de gestión de las empresas del Estado, que sea un cerrojo de eficiencia y confianza. Estamos ante un patrimonio de apuesta al futuro tan grande que lo mínimo que puede exigirse es que se tomen casi las mismas previsiones de elección de un presidente de Banco Central de Reserva.

Quizás nadie ha visto hasta hoy al Fonafe en tal dimensión. Bueno, ya que lo sabemos, ¿qué tenemos que esperar de él como ciudadanos?

Sencillamente que el Gobierno sepa ponerlo en mejores manos.

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