Cuenta regresiva. Falta menos de un mes para la V Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, el Caribe y la Unión Europea y siete meses para la del APEC. Y, junto con los preparativos para la logística y organización en manos del Gobierno y entidades técnicas, es imperativo que los ciudadanos nos pongamos la mano al pecho para reflexionar sobre la importancia de estos certámenes que ponen al Perú y su imagen en la vitrina mundial y pueden ayudar a catapultarnos al desarrollo.
En tal coyuntura, es oportuno y atendible el llamado a poner el hombro para colaborar colectiva y personalmente en el éxito de estas cumbres, lo que es mucho más exigible para algunas dirigencias sindicales, como las mineras y de la CGTP, que insisten en anunciar cumbres paralelas así como paros y marchas que podrían derivar en hechos violentos.
No se trata de ocultar la realidad, sino de no dejarse llevar por agendas politiqueras o ideologizadas, como las que promueven las llamadas cumbres paralelas y algunos sindicatos. Todos debemos ser conscientes de que está de por medio el futuro del Perú y posponer cualquier asunto interno.
Así, mientras el Gobierno está obligado a tender puentes de entendimiento con las distintas fuerzas sociales y gremiales del país para coadyuvar a un clima pacífico, es imprescindible suscribir una tregua para evitar cualquier desorden en los próximos meses, como una demostración de madurez y generosidad con la peruanidad. Nadie niega a estos dirigentes su derecho al reclamo y a la protesta, pero a lo que no tienen derecho es a abusar irresponsablemente de esta coyuntura y afectar así los intereses del país y de todos los peruanos.
Hacemos un llamado a la sensatez. Muchos dirigentes políticos, gremiales y sociales han demostrado antes su compromiso con el Perú y su unidad de acción cuando hubo que luchar contra el autoritarismo y luego para buscar salidas democráticas tras la debacle del régimen fujimontesinista. En esta ocasión, la demanda de cohesión es igualmente necesaria y oportuna, pues es mucho lo que el país puede ganar (o perder), en imagen internacional y acuerdos de integración económica y comercial.
Por lo mismo, tenemos que estar alertas ante los estropicios o excesos violentistas que estarían planeando algunas cúpulas sindicalistas, lo que debería merecer una respuesta firme del Estado y de todos los peruanos, para denunciarlos como sabotaje a la nación y sancionarlos como tales.
Es tiempo de diálogo y de unidad por el país; no de confrontación ni extremismos violentistas.